Realizada por: andante
Al Druida: A todos los Druidas
Formulada el lunes, 14 de mayo de 2007
Número de respuestas: 23
Categoría: Edad Media

Sobre los restos del rey Pedro I de Castilla.


El 14 de marzo se produce en las inmediaciones del castillo de la Estrella, la Batalla de Montiel, en la que las huestes de Pedro I son derrotadas por el ejército de su hermanastro, Enrique de Trastámara. Con los pocos leales que le quedan, busca refugio en el citado castillo, siendo sitiados duramente durante 9 días. El 23 de marzo, Pedro I es atraído mediante engaños a la tienda de Bertrand Du Guesclin. Allí se encuentra con su hermano bastardo Enrique fuertemente armado, despues de luchar ambos, Enrique con la ayuda de Bertrand Du Guesclin, le causa la muerte. Según el historiador Pedro López de Ayala, habría sido el propio Enrique sin ayuda el causante del magnicidio. Según el cronista galo Froissart, estando Pedro I encima de su oponente y a punto de darle la cuchillada mortal, el Vizconde de Rocaberti, habría ayudado al de Trastámara, colocándole encima del rey castellano y variando el fatal desenlace Como fuere, para la posteridad han quedado unas célebres palabras, atribuidas al mercenario galo: "Ni quito ni pongo rey, sólo ayudo a mi Señor" Su cabeza es cortada y expuesta junto con su cuerpo en una de las almenas del Castillo de Montiel. Su cuerpo será sepultado en dicha ciudad mientras su cabeza es enviada a Sevilla. El cuerpo es enviado posteriormente a Puebla de Alcocer, concretamente a la iglesia de dicha localidad y enterrado finalmente en el Convento de Santo Domingo en Madrid. Mi pregunta es: ¿Por qué después de estar enterrado en Montiel, se trasladaron sus retos a Puebla de Alcocer? ¿Había algún motivo concreto para hacerlo? ¿Que pensais vosotros? Un saludo y gracias anticipadas por vuestras repuestas.

Respuestas

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  1. #1 ludovico viernes, 18 de mayo de 2007 a las 23:33

    A algún autor he leído que la pluma de López de Ayala hizo más daño a la figura de don Pedro I de Castilla que el puñal de su hermanastro don Enrique, pues aunque muchos estén de acuerdo en que su crónica recoge lo acontecido, también lo están en admitir que su parcialidad enriqueña es, además de notable, notoria. Lamento no poder satisfacer tu pregunta con más concreción pues todo lo que puedo decirte es: 1 – Que el traslado de Montiel a Puebla de Alcocer se realizó sin ninguna solemnidad y que solamente cuatro capellanes y un sacristán rezaron preces por su alma al recibir nueva sepultura. 2 – Que a petición de doña Constanza, Abadesa del Convento de Santo Domingo el Real de Madrid, que era nieta de don Pedro, previa autorización del entonces reinante don Juan II, el 8 de marzo de 1446, sus restos mortales fueron llevados desde Puebla de Alcocer a Madrid. 3 – Que al ser derribado este convento, por necesidades urbanísticas, los restos de don Pedro fueron depositados de manera provisional en el Museo Arqueológico de Madrid, en un simple arcón de madera sin más referencias a lo que en él se contenía. 4 – Que luego de que un par de directores del Museo solicitaran del Gobierno que determinara un definitivo lugar para su reposo, el Ayuntamiento de Sevilla, después de que en el periódico El Universal saliese publicado un artículo escrito por el periodista sevillano Manuel Sánchez Silva, el 17 de agosto de 1876, tomó el acuerdo del solicitar a Madrid el envío de tales restos que llegaron a Sevilla en tren a la Estación Plaza de Armas y en la descorazonada opinión de don Luis Montoto, como si de “un cajón de pasas de Málaga o higos de Fraga” se tratara. Amén de esto, que no es mucho y sobre todo no lo que preguntabas: la razón que pudo motivar el traslado de Montiel a Puebla de Alcocer, solo me gustaría matizar tu frase de “Pedro I es atraído mediante engaños a la tienda de Bertrand Du Guesclín”. Hubo engaño pero en segundas intenciones pues inicialmente fue don Pedro quien, convencido luego de diez días de encierro en Montiel de la negrura de su futuro allí, intentó enviando a hablar con el francés a su fiel Men Rodríguez de Sanabria, que lo conocía personalmente pues había sido su prisionero luego de la batalla de Nájera, que mediante el pago de 200.000 doblas de oro además de darle, el señorío de Soria, Almazán, Atienza, Monteagudo, Deza y Serón, Bertrand, hiciera la vista gorda y le permitiera la huida de tan crítica situación, pero en un rasgo de nobleza, el francés contesta que está allí por orden del rey de Francia para ayudar a don Enrique, por lo que no le era posible aceptar lo que se le proponía. Luego, tan pronto Men Rodríguez de Sanabria regresaba a Montiel, Du Guesclín informó a don Enrique de la oferta y éste recompensó su lealtad con lo mismo que le había ofrecido don Pedro por su traición y además le pidió que a pesar de todo recuperara los contactos iniciados a fin de que su hermanastro llegara a venir a su tienda donde sorprenderle para darle muerte como luego ocurrió. Aquí el francés no tuvo remordimientos de conciencia y el final ya le sabemos, aunque tampoco haya unanimidad entre los autores y en esto como en otras cosas López de Ayala como Du Guesclín “ayude a su señor“. Un saludo, Ludovico


  2. #2 verracus sábado, 19 de mayo de 2007 a las 01:03

    Ludovico, se te saluda después de tanto tiempo.


  3. #3 alevin sábado, 19 de mayo de 2007 a las 13:17

    Ludovico, enhorabuena por una respuesta tan clara y fundada. Solamente añadir que en el Museo Arqueológico de Madrid queda la estatua que presidiría su sepultura en Sto.Domingo y querepresenta a D.Pedro I arrodillado y con lamanos juntas en actitud orante, pero lo curioso es que solo la cabeza es la originas, aprovechandose el cuerpo de otro difunto (sospecho que la componenda se hizo tras el derribo de Santo Domingo en la Revolución de 1868) Paz y bien


  4. #4 ludovico martes, 22 de mayo de 2007 a las 22:44

    Gracias Verracus por tu amable saludo, al que correspondo como se merece, y a Alevin por su gentil comentario en el refiere con toda exactitud donde se conserva el verdadero rostro de don Pedro I de Castilla, lo que me da pie a comentar, aunque es muy probable que lo conozcáis, que en mi tierra, Sevilla, ciudad en la que don Pedro pasó la mayor parte de su corta y azarosa vida, hay una calle conocida desde hace muchos años, por la denominación de “Cabeza del Rey don Pedro” acuñada por el uso popular que años después ratificaría el Ayuntamiento mandando rotularla así e incluyéndola en el nomenclátor de calles de la ciudad y que es probable esté relacionada con la cabeza que actualmente remata la estatua orante que puede verse en el Museo Arqueológico de Madrid, donde también estuvieron durante unos años sus restos mortales. Parece ser que fue en el año 1354, al menos en él lo sitúan los historiadores de mayor crédito, cuando tuvieron lugar los hechos que dieron origen a la denominación arriba mencionada y que, como algunos otros acaecidos en la vida de este monarca, vallisoletando de cuna pero sevillano de teta, marcados por su especial sentido de la justicia en defensa del más indefenso, y una decidida y valerosa gallardía para afrontar algunos de manera personal, convirtieron a este rey al que los cronistas describen como de buena planta, alto, rubio de tez blanca y ojos azules, que además tenía un característicos ceceo al hablar, con el que, según ella misma escribe, le robó el alma a doña Aldonza Coronel, en un verdadero ídolo para los sevillanos de aquellos tiempos de mediados del XIV. En 1354 don Pedro tenía 20 años, y estaba en el cuarto de su reinado, en el que lógicamente se habían producido significativos cambios entre los que ahora nos interesa destacar la notable pérdida de influencia experimentada por la noble y pudiente familia de los Guzmán, a la que pertenecía la, según cuentan, bellísima concubina del rey don Alfonso XI, viuda sevillana doña Leonor de Guzmán, asesinada tres años antes en Talavera de la Reina por orden de la reina viuda doña María de Portugal, que nunca le perdonó haber sido la auténtica reina de Castilla, al menos en su corte sevillana, mientras el infante don Pedro y ella misma, vejada y preterida a pesar de ser la verdadera y legal esposa del rey, no salían del Alcázar de los reyes moros para no tener que experimentar la vergüenza de ver como se les ignoraba. Por otra parte para entonces don Pedro ya estaba rendidamente enamorado de doña María de Padilla, mujer pequeña de cuerpo pero de gran belleza, de una más que notable inteligencia, y sobre todo, de una natural bondad que le llevó a influir hasta donde le fue posible, para que su amante don Pedro I rey de Castilla no llevara a cabo muchas más ejecuciones sumarísimas de las que realmente hizo, y con la que ya había tenido su primer hijo, una niña al la que pusieron el nombre de Beatriz. Ostentaba por entonces la cabeza de la noble familia de los Guzmán, don Tello, Conde de Niebla cuyo primogénito Enrique era un par de años mayor que don Pedro y contaba entre sus aficiones la de cierta facilidad para la composición versificada lo que le llevó a escribir unos versos en los que vituperaba de manera descarada la figura de María Padilla, a la que llamaba “la barragana del rey”, olvidando, como ocurre con demasiada frecuencia no tener argumento moral para ofender pues no otra cosa que barragana de don Alfonso XI había sido su pariente doña Leonor de Guzmán. Como los versos fueron, como diríamos actualmente, astuta y pródigamente filtrados en varias copias manuscritas, pronto llegaron al dominio popular y como era de esperar, pues para eso los escribió el Guzmán a oídos de don Pedro, al que, dado su carácter no sentaron nada bien, pero guardó silencio y no hizo nada desde su elevada posición para lavar una ofensa que consideró no era un asunto de Estado, sino una cosa de hombres y entre tales había de dársele cumplida solución. Muy dado a salir de incógnito a disfrutar los placeres de las noches sevillanas, pronto entre tascas y mesones supo de los usos y costumbres del Guzmán y cierta noche, como en otras muchas con vestiduras que en nada denotaban su alta calidad, y cubierto por una amplia capa de robusto paño, tan útil para parar estocadas a la hora de un lance, saliendo por un postigo del Alcázar marchó hasta el lugar conocido como de Los Cuatro Cantillos, poco más abajo de la Puerta que la Judería tenía al final de la alcaná, donde hoy se levanta la iglesia de San Nicolás, y allí se apostó a esperar que llegase el Guzmán. El lance no debió ser muy rápido a pesar de la destreza manifiesta de don Pedro en el arte de la esgrima, pero el otro tampoco debía ser manco. El ruido del entrechocacr de los aceros atrajo la atención de una mujer vieja que vivía en una casa cuya ventana daba justo al lugar donde se batían y allí se asomó con un candil en la mano esperando saber lo que pasaba, pero sólo acertó a ver la sombra de dos hombres que, espada en mano, buscaba el pecho de su oponente para darle muerte, lo que al final sucedió y mientras uno caía atravesado por una mortal estocada el, otro embozado en su capa se perdía en la negrura de la noche. A la mañana siguiente Sevilla hervía desde que se supo que el primogénito de los Guzmán había sido encontrado en Los Cuatro Cantillos, en medio de un charco de sangre con el pecho atravesado por una estocada. Su padre, tan pronto supo la noticia mandó a su gente para recogieran el cuerpo y lo llevaran a su casa donde darle la debida vela antes de que recibiera cristiana sepultura e inmediatamente después marchó al Alcázar a pedir audiencia al rey para reclamara justicia a aquel crimen. Don Pedro recibió al Conde de Niebla, le dio sus más sentidas condolencias y le prometió que haría todo lo necesario para conocer el nombre del matador de su hijo y que luego colocaría su cabeza en el lugar para público escarmiento. Ofreció el rey una importante recompensa de cien doblas de oro a quien diera razón para saber quien había sido el matador de don Enrique de Guzmán y la vieja así que supo la noticia fue al Alcázar diciendo que ella sabía quien había dado muerte al primogénito del Conde de Niebla. Recibida en palacio no consistió decir nada salvo al rey, y a éste sólo cuando los que estaban en la estancia a donde fue llevada a su presencia la hubieron abandonado. Entonces dijo a don Pedro que era él quien había dado muerte al Guzmán, cosa que había sabido no porque la luz del candil le permitiera reconocerlo sino, por que terminada la lucha cuando se marchó oyó como le sonaban “las canillas” (las rótulas de sus piernas, por una lesión que se produjo a consecuencia de una caída de caballo cuando era niño montando por los campos y huertas del Alcázar), pues cuando era más joven había ido como lavandera al Alcázar y allí viéndole jugar había oído como le sonaban. Don Pedro pagó a la vieja la recompensa, mandó cortar la cabeza de mármol de una estatua suya que había en palacio (quizá la que hoy se conserva en el Museo Arqueológico de Madrid), la hizo colocar dentro de un cajón y lo mandó poner en un nicho que se abrió en el muro de la casa de la vieja que a partir de entonces empezó a llamarse la calle del Candilejo, como aun se conserva, y puso guardia continua para que nadie pudiera abrir el cajón y ver que había en su interior, algo que sólo pudo hacerse poco tiempo después de que su hermanastro don Enrique de Trastámara le asesinara en Montiel. Por 1630 poco más o menos aquella cabeza se quitó, se hizo un nicho nuevo y se colocó un busto del rey que aún puede verse; de la cabeza que había en el primitivo cajón no se sabe bien su paradero por eso algunos dicen si pudiera ser la que hoy remata la estatua orante a la se refería Alevin. Esto, aunque con el paso de los años la exuberancia sevillana lo haya adornado de leyendas, es rigurosamente cierto. Un saludo, Ludovico.


  5. #5 alevin miércoles, 23 de mayo de 2007 a las 11:42

    Ludovico, preciosa ¿leyenda?. A mi D. Pedro, el cruel para unos o el Justiciero para otros, no sé porque (quizás porque parece que todo le salia mal aunque la intencion fuese buena) .Siempre me atrajo desde que , en mi adolescencia, empecé a leer y estudiar sobre la Historia de España, desde luego siempre me cayó mejor que su hermanastro(o hermanastros a los que tanto perdono) que pasó a la historia como el de las Mercedes y tendría que haber pasado con el sobrenombre de el Vendido(a la nobleza). Ciñendome a la cabeza que centra el comentario representa a una persona madura (D.Pedro murió con unos 35 años) y no dudo de que perteneció al túmulo de StoDomingo.Por cierto que se revolvería en su tumba si viese lo que , desde que se tiró el convento, ha sucedido con la plaza. En ella ha estado el primer parking subterraneo de Madrid hasta hace unos meses en se ha convertido en un monton de cemento con unas jardineras tratando de crear un espacio público y donde se han puesto unos juegos para niños diseñados por Agatha Ruiz de la Prada. Paz y bien


  6. #6 Rexhispaniae miércoles, 23 de mayo de 2007 a las 16:45

    Hola a todos, os dejo esto, porque como estamos con el tema de Don Pedro I el Cruel, pues me pareció conveniente, además no voy a dejar esta historia también de gran belleza fuera de lugar, ¿no?. Espero que os guste y a seguir hablando. DOÑA BLANCA DE BORBÓN, LA REINA QUE MURIÓ EN MEDINA SIDONIA En el año 1.859, Mariano Pardo de Figueroa, conocido en círculos literarios como el Doctor Thebussem, promovió la colocación de una lápida en la torre de Doña Blanca, torre albarrana perteneciente al recinto amurallado, donde estuvo encerrada y murió la esposa de Pedro I. En esta lápida que redactó el historiador Modesto Lafuente encontramos la siguiente inscripción: En esta torre estuvo presa y acabó sus días a manos del ballestero Juan Pérez de Rebolledo, en el año 1361, la virtuosa y desventurada reina Doña Blanca de Borbón, esposa de Don Pedro de Castilla. Esta placa, que originalmente tenía las letras sobredoradas y que en la actualidad es ilegible, provocó una erudita polémica entre el Doctor Thebussem y un vecino de Jerez de la Frontera, que apareció plasmada en la Revista Jerezana. También en la localidad de Jerez de la Frontera estuvo encerrada Doña Blanca y litigaban sobre donde había muerto, si en Medina Sidonia o en Jerez. Pero no sólo era motivo de polémica el lugar de su muerte, sino también su propia forma de morir, pero estas cuestiones las abordaremos más adelante. Antes de la subida al trono de Pedro I ya se hicieron los primeros intentos por casar al joven futuro rey. La primera vez fue en 1335, cuando Don Pedro no había cumplido el año de edad. Eduardo III de Inglaterra envió una embajada para renovar las alianzas entre Castilla e Inglaterra y a la vez proponer el matrimonio de Don Pedro con su hija Isabel. Este primer compromiso matrimonial fue rechazado por Alfonso XI, ya que consideraba este enlace muy prematuro. En 1342 Inglaterra volvió a proponer una nueva alianza matrimonial con otra de sus hijas, y se eligió a Juana. El tratado fue firmado en 1345. Un mes antes, Francia y Castilla habían firmado un acuerdo de alianza que contemplaba además la boda de Don Pedro con Doña Blanca de Navarra, pero no se pudo llevar a buen término por la negativa de la dama a casarse por segunda vez (era viuda de Felipe de Valois). De esta forma se concertó poco después el matrimonio con una princesa inglesa. Pero un grave contratiempo impedirá que esta unión se realice, ya que la joven princesa morirá dos años después (1348). Si el rey Eduardo III tenía más hijas, ¿por qué no se eligió a otra princesa inglesa? Aquí jugó un importante papel la corte que rodeaba a Don Pedro, empezando por su entorno familiar con la reina madre Doña María de Portugal al frente. El Papa Clemente VI de Aviñón, en connivencia con Juan II de Francia, envió en 1350 una serie de misivas a la reina y a la corte castellana en las que trataba la conveniencia de una alianza matrimonial entre Francia y Castilla que reforzase el pacto político ya existente. El interés de este enlace matrimonial no era en vano. La Guerra de los Cien Años había comenzado en 1339. Esta guerra, que se desarrolló en varias fases, fue un conflicto en el que confluían intereses territoriales y patrimoniales, rivalidades de linaje y hegemonía dinástica (E. Sarasa). Este conflicto no solo afectó a Francia e Inglaterra, sino que arrastró a otros soberanos de forma directa, mediante tratados y alianzas a favor de uno u otro bando. Muchos quieren ver el origen de este enfrentamiento en la conquista normanda de Inglaterra de 1066, que había sometido a los ingleses en forma de Feudalismo, manteniendo relaciones de vasallaje con la monarquía francesa. Pero también se encuentran causas de tipo económico, como la obtención del control de la ruta comercial con Flandes y su floreciente industria de paños, controlada inicialmente por los ingleses y que los franceses empiezan a presionar; causas de tipo político, como las aspiraciones inglesas al trono francés; o de tipo social, como es el aumento del poder de la monarquía frente al de los señores feudales y conseguir su sometimiento a la corona, apoyándose en un creciente nacionalismo y en una nueva clase social, la burguesía. Este gran conflicto entre naciones acabó afectando a conflictos de carácter civil en países aliados de uno u otro bando, como sucedió en el caso de la guerra entre Pedro I y Enrique de Trastámara (su hermano bastardo) por la posesión del trono de Castilla. En un ambiente político como el europeo era importante encontrar alianzas adecuadas a los intereses de Castilla. Aprovechando la reunión de las Cortes en Valladolid en 1351, se presenta una embajada francesa para acordar el matrimonio de Don Pedro. Se organiza una legación que viajará hasta París con un poder especial para negociar el matrimonio del rey con una de las hijas del Duque de Borbón, pariente del rey francés (se acuerda que sea la mayor de ellas). Además del contrato matrimonial, se iba a negociar la confirmación del antiguo tratado firmado entre Castilla y Francia en 1345, pero con la exclusión de las cláusulas relativas a Doña Leonor de Guzmán, amante de Alfonso XI, y sus hijos, hermanastros de Don Pedro. Un hecho curioso es que, a pesar de ir a solicitar la mano de Doña Blanca de Borbón, la delegación castellana volvió a reiterar la petición que ya hiciera a Doña Blanca de Navarra en 1345, pero ella volvió a rechazarla por los mismos motivos. Se desconoce la explicación a este suceso, pero algún reparo pusieron los miembros de dicha delegación a Blanca de Borbón. A pesar de todo, el 2 de julio de 1352 se firma la nueva alianza política y el contrato matrimonial, que son aprobados el 7 de julio por Juan II de Francia y el 4 de noviembre en Castilla por Pedro I. El contrato matrimonial expresaba en términos generales los siguientes puntos: El rey de Francia se comprometía a pagar una dote de 300.000 florines de oro, pagados en plazos de la siguiente manera: 25.000 florines en la siguiente Navidad. 25.000 florines al salir Doña Blanca de Francia. 50.000 florines cada año el día de Navidad hasta completar los 300.000 florines de oro. El rey de Castilla entregaba las villas de Arévalo (Ávila), Sepúlveda, Coca (Segovia) y Mayorga (León), así como sus rentas. Si la cifra de dichas rentas no alcanzaba las que poseía la reina madre del rey de Castilla, se debían entregar otros lugares hasta completarlas. Si Doña Blanca moría sin sucesión el rey de Castilla debía restituir al de Francia la suma de florines recibida como dote, y las villas que Castilla donara a la reina volverían de nuevo a la corona. En la elaboración de este contrato, en su firma, así como en el pago de las sumas estipuladas y en la vigilancia del cumplimiento de las cláusulas, no intervino el padre de Blanca de Borbón. Todas las gestiones corrieron a cargo del rey francés, así como la dotación de un rico ajuar que trajo con ella a Castilla. ¿Qué se conseguía con esta alianza? Durante la ya mencionada Guerra de los Cien Años parte de las acciones militares y de estrategia económica tenían lugar en el mar. Era de vital importancia el control del Canal de la Mancha, lugar frecuentado por el comercio marítimo entre Flandes y gran parte de la Europa Meridional, como era el caso de los marinos genoveses, grandes usuarios de esta ruta. La flota amarrada en el Cantábrico y perteneciente a la corona de Castilla, era un elemento importante para los intereses de Francia. Esta flota era continuamente atacada por los ingleses ya que Castilla exportaba sus lanas a Flandes y esto suponía una competencia importante para la naciente industria lanera inglesa. Por su parte, la cuantiosa dote entregada al rey de Castilla era una fuente de ingresos que cubriría sus necesidades económicas para financiar las luchas dentro de la corona de Castilla y con el reino de Aragón. Tras la firma de los contratos matrimoniales y las alianzas políticas, se inicia una maniobra calculada por el rey francés para no hacer frente al primer pago de 25.000 florines el día de Navidad. Retrasa intencionadamente la salida de Blanca de Borbón de Francia, que tiene lugar en el mes de noviembre. Su viaje se va desarrollando en numerosas escalas hasta llegar a Valladolid, parando en Bagnols, Nimes y Narbona, donde celebra la Navidad retenida allí por el rey de Francia. Es en Narbona donde tiene lugar el encuentro entre embajadas para requerir el pago y la ratificación de los acuerdos firmados por ambos reyes, pero ni está el pago acordado, ni el documento firmado por Pedro I. Castellanos y franceses se hacen responsables unos a otros, y Doña Blanca continúa viaje hasta Aviñón para visitar al nuevo Papa Inocencio VI. En enero de 1353 llegó a Barcelona y en febrero a Valladolid. Blanca de Borbón tardó siete meses en llegar a Castilla desde que se firman los acuerdos matrimoniales. Pedro I, por su parte, se sentía engañado ante las maniobras del rey francés. Durante los contactos franco-castellanos de 1352, el rey ya había conocido a su más famosa amante, Doña María de Padilla. Siempre tuvo predilección por ella ya que la conoció siendo él muy joven y pronto supuso una gran influencia para él, lo mismo que los miembros de la familia Padilla, entre los que destaca Don Juan de Hinestrosa, tío de la Padilla y sucesor de Alburquerque como mano derecha del rey. Desde que llegó Doña Blanca a Valladolid hasta que se celebró la boda, pasaron cuatro meses. Muchos han querido ver en la reticencia del rey a separarse de la Padilla la causa del retraso. Pero este no era el caso ya que un año después se casa con Doña Juana de Castro tras conseguir que los obispos de Ávila y Salamanca declararan nulo su matrimonio. Después de cuatro meses de espera no se había podido solucionar el problema del pago de la dote de Doña Blanca, y el rey francés se negaba a realizar el primer pago convenido el día de Navidad, entregando únicamente los 25.000 florines correspondientes a su salida de Francia. Tampoco Don Pedro había entregado la ratificación firmada de los acuerdos, y seguía con su amante que ya le había dado su primera hija. A pesar de todo la boda se celebró el día 3 de junio de 1353, tras las presiones de la reina madre y de Alburquerque. Es necesario aclarar que para la reacción que tuvo Pedro I, dos días después de la boda, no hay datos exactos, y el cronista de la época, Ayala, tampoco narra el motivo que llevó a Don Pedro a abandonar a su esposa y a no convivir con ella nunca. Se divulgaron historias y romances en torno a la reputación de Doña Blanca, en las que se afirmaban que su marido la había abandonado porque durante el camino desde Francia hasta Valladolid había sido amante de Don Fadrique, hermano bastardo del rey. También se alegó el amor tan grande que sentía por María de Padilla, pero tampoco es explicación suficiente ya que como mencionamos anteriormente, el rey se casó un año después. La explicación puede estar en la correspondencia que mantuvo el Papa Inocencio VI, que se erigió como único defensor de Doña Blanca, con el rey Don Pedro. El Papa exhortaba al rey a que volviera con su esposa, y éste alegaba en sus misivas que la reina le había hecho ciertas confesiones por las que no podía continuar con el matrimonio al sentirse el rey engañado. En estas cartas, el Papa considera sus razones como frívolas y que la confesión de la reina había sido obtenida a la fuerza, por lo que no lo consideraba suficiente. Don Pedro se había casado por las fuertes presiones a las que estaba sometido por parte de su familia, su valido y por la presencia de la delegación francesa en Valladolid, además de las alianzas firmadas con el rey de Francia. Pero al quedarse solos los novios es probable que ella le confiase, pensando que ya era su mujer y que no tenía nada que perder, que el rey de Francia no disponía de capital suficiente para hacer frente al pago de la dote, y a eso se debía el retraso intencionado de su salida y las continuas escalas en el viaje hasta Valladolid. Y corrobora esta creencia el hecho de que Don Pedro nunca entregara a Doña Blanca las villas y las rentas que se habían pactado y que Juan II nunca reclamara la devolución de los bienes de ella, que acudió a Castilla con un rico ajuar pagado por el rey francés. El abandono de la reina provocó un auténtico enfrentamiento civil en el seno de la corona de Castilla, que dividió al país en dos bandos: el bando del rey, al que se unen sus hermanos Enrique y Tello y los infantes de Aragón, con la promesa de enormes favores; y el bando de la reina madre y Alburquerque al que se unieron numerosos nobles castellanos. Es curioso señalar que Juan II nunca protestó abiertamente por el abandono de Doña Blanca y nunca intercedió por ella. El único que mantuvo la lucha a favor de la causa de la reina fue el Papa Inocencio VI. Pero sus intentos fueron inútiles y ni la excomunión del reino de Castilla tras la boda de Don Pedro con Doña Juana de Castro, incidieron en la actuación del rey. El poder del Papado había ido transformándose desde que en 1305 y tras el Cisma de Occidente existieran dos Papas, uno en Roma y otro en Aviñón a las órdenes del rey de Francia. Se produce un deterioro de la figura del Sumo Pontífice, que se suma al avance del espíritu laico en la sociedad del siglo XIV, preludio del Humanismo. El Papa de Aviñón se convirtió en el auténtico jefe de un estado con poder económico y social, más que religioso y moral. La Iglesia acabó aliándose a los nobles, a los hermanastros del rey, Enrique y Tello y a la corona de Aragón en una guerra en la que el rey Don Pedro contaba con la ayuda de Hinestrosa y los Padilla, y el poder emergente de una burguesía ciudadana que empezaba a reclamar sus derechos, frente a la crisis en la que entra el régimen señorial, que favorecerá la mayor influencia del poder real apoyado en esta nueva clase social. Tras ser repudiada, Doña Blanca vivió una temporada en Medina del Campo con la reina madre. Pero cuando se produce la rebelión nobiliaria en Castilla es confinada por orden del rey en Arévalo y luego en Toledo. Mientras, la correspondencia de la reina con el Papa continúa, y en ella se daba a entender que Don Pedro sometía a Doña Blanca a grandes privaciones. Este hecho, falso completamente, es utilizado como arma para sublevar a los habitantes de Toledo y ponerlos a favor de la causa de Blanca de Borbón y de la facción nobiliaria que la defiende. Blanca de Borbón estuvo muy bien asesorada. Supo ganarse el favor de los toledanos mediante estas falsas declaraciones que rápidamente se hicieron públicas. Desobedeciendo a su esposo, abandonó el Alcázar, donde estaba confinada y se refugió en la Catedral desde donde organizó la campaña de desprestigio contra su marido y enviando todo el dinero que podía al bando que representaba sus intereses. El número de adeptos a su causa aumentaba y volvió al Alcázar, ya que se sentía más segura de su posición en el reino. Pedro I es hecho prisionero en Toro, donde tiene que firmar una serie de capitulaciones que le impone la nobleza. Consigue huir con la ayuda de su tía Doña Leonor, y los infantes de Aragón, a los que promete numerosas posesiones. La guerra se recrudece por las ansias de venganza de Don Pedro, con la persecución y matanza de numerosos partidarios del bando de Doña Blanca. Muchos de ellos se exilian a Francia y Aragón desde donde el hermanastro del rey, Don Enrique, organizará un ejército que más tarde se unirá a Du Guesclín, y con su ayuda obtendrá el trono de Castilla tras asesinar a Don Pedro en Montiel en 1369. Entre 1355 y 1359 Doña Blanca es confinada en el castillo de Sigüenza. Durante estos años se desarrolla otra guerra que viene a sumarse a la situación insostenible dentro de Castilla. Aragón y Castilla se enfrentan a causa de numerosos agravios: Cuestiones territoriales (reino de Valencia), acogimiento de rebeldes castellanos por la corona de Aragón, pugna por los pastos de la Mancha o el despecho de los infantes de Aragón por haber sido engañados por Pedro I. Pero el desencadenante es un incidente que sucedió en Sanlúcar de Barrameda, donde unos marinos genoveses (aliados de Castilla) son atacados por un almirante aragonés. Como arreciaba la guerra contra Aragón, la reina Doña Blanca es trasladada a Jerez de la Frontera, para evitar que fuera liberada por el bando aragonés y volviera a ser la bandera de su causa. En Jerez de la Frontera existe otra torre de Doña Blanca, entre Jerez y el Puerto de Santa María, en la carretera hacia el Portal. Esta torre es actualmente más conocida por la presencia de un importante yacimiento fenicio en su entorno, que por haber sido la prisión de la reina castellana. En 1361 es trasladada nuevamente, esta vez a Medina Sidonia. Éste sería el último viaje de su vida porque al poco tiempo murió en esta localidad. Doña Blanca suponía en este momento una pieza más de la guerra que sostenían los dos Pedros (Pedro I y Pedro IV de Aragón). Era de vital importancia su alejamiento a tierras fronterizas, lo más alejadas posible del escenario de los enfrentamientos y Andalucía, en general, se había mantenido en el bando de Don Pedro. En estos momentos, Medina Sidonia era una plaza fuerte, un castillo sobre un cerro que dominaba kilómetros a la redonda, estratégicamente situado para divisar la costa y la sierra, la campiña y el estrecho. Era una guarnición militar y una población que no llegaba a los 200 habitantes, viviendo en una zona de frontera siempre peligrosa a pesar de las eventuales alianzas con el reino de Granada. Arrebatada a Doña Leonor de Guzmán a la muerte de Alfonso XI, y convertida por Pedro I en villa de realengo, disfrutó de exención de diezmos y portazgo, concedido por Sancho IV en 1288 y confirmado por Pedro I, restaurando la costumbre de que sea el Concejo el que elija a sus cargos. Durante unos años mantuvo estos privilegios, pero la necesidad de moneda para sufragar las guerras en las que estaba envuelto hizo que gravara nuevamente con impuestos a la villa de Medina Sidonia. Doña Blanca vivió poco tiempo en Medina Sidonia, donde encontró la muerte a los veinticinco años. Es probable que fuera de muerte natural, ya que poco tiempo antes había solicitado a los monjes del Monasterio de San Francisco en Jerez de la Frontera un sitio para ser enterrada. Debía estar muy enferma para preocuparse por estos detalles, sobre todo si tenemos en cuenta que desde que llegara a Castilla había sido continuamente trasladada y esta falta de estabilidad le impediría pensar en un lugar determinado para ser enterrada, sobre todo estando tan alejada de su familia. Existen otras teorías sobre su muerte que pueden ser igualmente válidas, ya que Pedro I había dado muerte y perseguía a todos sus enemigos sin importarle su rango o parentesco. Y no parece descabellado que si una vez Doña Blanca había sido el estandarte de la causa contra Pedro I, volviera a serlo ahora. Y viendo inminente el peligro que corría su vida, bien podía haber solicitado ser enterrada en el Monasterio de San Francisco sabiendo que le sucedería lo mismo que a otros miembros de la familia real. Unos dicen que murió asaeteada a manos del ballestero Juan Pérez de Rebolledo, otros que por unas hierbas que su médico le hizo tomar. Lo cierto es que nunca imaginó lo desgraciada que iba a ser su vida. Fue un mero peón en el tablero de Castilla donde señores poderosos se resistían a perder su antiguo poder y el rey ansiaba gobernar con autoridad absoluta. Vivió en un reino en el que las intrigas, los asesinatos, los cambios de bando y la guerra eran asuntos cotidianos. Doña Blanca tuvo que aprender rápido y sacar partido de su desfavorable situación. Durante un corto periodo de tiempo consiguió poner de su parte a los grandes señores que más tarde la abandonaron a su suerte. Sólo el Papa le prestó su apoyo en todo momento, y hasta el final pidió auxilio para la desafortunada reina. Pero el mundo occidental estaba sumido en la guerra, el hambre y las epidemias de peste. Ni el rey Juan II de Francia, ni su padre se acordaron de ella. Sólo su hermano, cinco años después de su muerte, quiso vengarla en lo que se convirtió en una campaña más de la Guerra de los Cien Años, que en aquel momento se desarrollaba en Castilla. La lucha fratricida entre Enrique de Trastámara y Pedro I pone fin a un reinado marcado por la guerra, la muerte, la enfermedad y el miedo. Gracias y Saludos dsd Cái. Por cierto, saludos para Ludovico (magnífico el comentario de tu parte) y también para Alevin. Rexhispaniae


  7. #7 alevin jueves, 24 de mayo de 2007 a las 12:40

    Rexhispaniae, muy buen comentario sobre Dña.Blanca, aunque me gustaría añadir que proporciono a D.Fadrique un dinero ,que sacó del tesorero Samuel Leví, para que este se alzara contra D.Pedro, motivo que colma el vaso de ¿la paciencia? del rey que apresa a Dña.Blanca y la deja en Medina Sidonia bajo custodia de D.Iñigo Ortiz de Zúñiga. Allí el Maestre D.Alonso Martinez de Orueña le da unas hierbas letales para que se las dé a la Reina, al negarse a ello Ortiz de Zuñiga es cuando interviene el vecino de jerez Juan Perez de Rebolledo, que era ballestero.De aquí es de donde puede surgir la mezcla entre ballesta, veneno, Jerez y Medina Sidonia. Otro tema interesante es la boda con Juana de Castro, a la que abandona al día siguiente, y que con el el hijo que le hizo D.pedro esa noche se exilia en Portugal haciendose llamar Reina de Castilla hasta su muerte. Este D.Pedro era mucho D.Pedro, pero en el caso de Juana de Castro, fué , creo, bastante inocenton. Por cierto, en León no conozco ningún pueblo que se llame Mayorga, creo que te refieres a la localidad homónima que actualmente pertenece a la provincia de Valladolid(aunque sí, en la época perteneciente al Reino, no a la provincia, de León). Paz y bien


  8. #8 ludovico jueves, 24 de mayo de 2007 a las 16:38

    Como verídico se tiene el hecho Alevin, que por cierto ya es citado por Ortíz de Zúñiga en sus Anales, y al que desde luego no puede negarse que, con el paso del tiempo, la fértil imaginación popular sevillana ha ido adornando, de la misma manera que ha hecho con otros varios acaecidos en la vida de este rey apodado el Cruel hasta que Felipe II mandó a sus escribanos que al citarle le cambiaran el apodo y le dieran el de el Justiciero; yo le llamaría el “Traicionado” pues pocos monarcas han sufrido en tan corto reinado mas traiciones y más cercanas a si mismo pues hasta su propia madre, doña María de Portugal acaba aliándose con sus mortal enemigo y hermanastro don Enrique, Conde de Trastámara. De todas formas como en alguna ocasión leí, la diferencia entre el cuento y la leyenda es que la segunda siempre tiene un substrato de realidad. También yo comparto contigo esa predisposición a apreciar la figura de este hombre vapuleado de manera inmisericorde por los historiadores a lo largo de muchos años en los que los relatos cronísticos de López de Ayala se valoraban como poseedores de un rigor y objetividad histórica del que más tarde se ha visto carecían. Es evidente y por otra parte sería injusto desde el punto de vista histórico intentar minimizar, obviar u ocultar los negros y execrables tintes que empañan el reinado de don Pedro I de Castilla, plagado de ajusticiamientos fulminantes pero no hay que olvidar que el hijo de don Alfonso XI fue coetáneo de su abuelo Alfonso IV y de su tío Pedro, ambos reyes de Portugal; del aragonés Pedro IV el Ceremonioso, del navarro Carlos el Malo y del galo Juan II, apodado el Bueno de manera totalmente improcedente pues tanto este último como los anteriormente citados fueron causantes de crímenes y ajusticiamientos de idéntica valoración y la Historia ha pasado por ellos con mucha menos sangre. No tengo entre los míos el libro publicado en 1971 por el Doctor don Gonzalo Moya, del que solamente tengo referencias a través de otros en los que lo citan y en el que parece defender la tesis de que don Pedro pudo sufrir una parálisis cerebral, que en su opinión sería la causa de sus anómalos comportamientos calificados de vesánicos por muchos. Lo que creo es que no se ha hecho es ninguna valoración psicológica sobre la vida de este joven que desde que tuvo uso de razón se vio marginado, olvidado y ninguneado de la manera más absoluta y denigrante por parte de su padre que dedicaba todas su atenciones y honores a sus hermanastros. No olvidemos que mientras él no podía casi salir del Alcázar a una edad a la que incluso hubo que pedir licencia pontificia para que pudiese hacerse, su hermanastro Fadrique, mellizo de Enrique nacidos el mismo año que él, era nombrado por su padre Maestre de Santiago. Y a todo eso hay que añadir ese larguísimo rosario de deserciones, desafecciones y flagrantes traiciones que va sufriendo a lo largo de sus años de reinado. Concluyendo, en mi opinión que no quiere caer en los simplista, pues tengo presente la complejidad de una situación tejida por muchos y variados mimbres, fue víctima de las desmedidas e insanas ambiciones de su hermanastro Enrique y de una nobleza que, apoyándose en el injusto trato que dio a doña Blanca se enfrentó a una política social que mermaba de manera notable sus privilegios en beneficio de los menestrales. Si la izquierda española actual contara con su “cabeza“, (aunque aquí el término sea metafórico pues no me refiero a su cráneo sino a sus pensamientos políticos), quizá las cosas serían muy diferentes hoy en España.


  9. #9 ludovico jueves, 24 de mayo de 2007 a las 16:38

    Como verídico se tiene el hecho Alevin, que por cierto ya es citado por Ortíz de Zúñiga en sus Anales, y al que desde luego no puede negarse que, con el paso del tiempo, la fértil imaginación popular sevillana ha ido adornando, de la misma manera que ha hecho con otros varios acaecidos en la vida de este rey apodado el Cruel hasta que Felipe II mandó a sus escribanos que al citarle le cambiaran el apodo y le dieran el de el Justiciero; yo le llamaría el “Traicionado” pues pocos monarcas han sufrido en tan corto reinado mas traiciones y más cercanas a si mismo pues hasta su propia madre, doña María de Portugal acaba aliándose con sus mortal enemigo y hermanastro don Enrique, Conde de Trastámara. De todas formas como en alguna ocasión leí, la diferencia entre el cuento y la leyenda es que la segunda siempre tiene un substrato de realidad. También yo comparto contigo esa predisposición a apreciar la figura de este hombre vapuleado de manera inmisericorde por los historiadores a lo largo de muchos años en los que los relatos cronísticos de López de Ayala se valoraban como poseedores de un rigor y objetividad histórica del que más tarde se ha visto carecían. Es evidente y por otra parte sería injusto desde el punto de vista histórico intentar minimizar, obviar u ocultar los negros y execrables tintes que empañan el reinado de don Pedro I de Castilla, plagado de ajusticiamientos fulminantes pero no hay que olvidar que el hijo de don Alfonso XI fue coetáneo de su abuelo Alfonso IV y de su tío Pedro, ambos reyes de Portugal; del aragonés Pedro IV el Ceremonioso, del navarro Carlos el Malo y del galo Juan II, apodado el Bueno de manera totalmente improcedente pues tanto este último como los anteriormente citados fueron causantes de crímenes y ajusticiamientos de idéntica valoración y la Historia ha pasado por ellos con mucha menos sangre. No tengo entre los míos el libro publicado en 1971 por el Doctor don Gonzalo Moya, del que solamente tengo referencias a través de otros en los que lo citan y en el que parece defender la tesis de que don Pedro pudo sufrir una parálisis cerebral, que en su opinión sería la causa de sus anómalos comportamientos calificados de vesánicos por muchos. Lo que creo es que no se ha hecho es ninguna valoración psicológica sobre la vida de este joven que desde que tuvo uso de razón se vio marginado, olvidado y ninguneado de la manera más absoluta y denigrante por parte de su padre que dedicaba todas su atenciones y honores a sus hermanastros. No olvidemos que mientras él no podía casi salir del Alcázar a una edad a la que incluso hubo que pedir licencia pontificia para que pudiese hacerse, su hermanastro Fadrique, mellizo de Enrique nacidos el mismo año que él, era nombrado por su padre Maestre de Santiago. Y a todo eso hay que añadir ese larguísimo rosario de deserciones, desafecciones y flagrantes traiciones que va sufriendo a lo largo de sus años de reinado. Concluyendo, en mi opinión que no quiere caer en los simplista, pues tengo presente la complejidad de una situación tejida por muchos y variados mimbres, fue víctima de las desmedidas e insanas ambiciones de su hermanastro Enrique y de una nobleza que, apoyándose en el injusto trato que dio a doña Blanca se enfrentó a una política social que mermaba de manera notable sus privilegios en beneficio de los menestrales. Si la izquierda española actual contara con su “cabeza“, (aunque aquí el término sea metafórico pues no me refiero a su cráneo sino a sus pensamientos políticos), quizá las cosas serían muy diferentes hoy en España.


  10. #10 ludovico jueves, 24 de mayo de 2007 a las 16:47

    Alevin serías tan amable de decirme de que fuentes has obtenido esa información sobre que doña Blanca proporciona a don Fadrique dineros obtenidos del Almojarife mayor de don Pedro, el judío sevillano Samuel Ha Leví para que se levante en armas contra su hermanastro y rey? Aunque desgraciadamente no he podido tener acceso a toda la bibliografía que sobre don Pedro hubiera deseado tener, esto que aludes no lo he vistio reflejado en ninguna y no son malos autores los que poseo. gracias y un saludo, Ludovico. P.S. A la excelente aportación de Rexhispaniae, sobre doña Blanca, visto que luego de incluirla aquí la ha publicado independientemente la he felicitado allí, aunque ahora también lo haga aquí. L.


  11. #11 alevin viernes, 25 de mayo de 2007 a las 11:34

    Sobre este Rey tengo varias "anotaciones" en mi archivo, pero lo que particularmente citas proviene de "D.Pedro I de Castilla. Ensayo de vindicación critico-histórica de su reinado". Joaquin Guichot Parodi (edit,Sevilla 1878) y lo saca a colación en una ,creo yo bastante completa ,aunque resumida, biografia del Rey D.Pedro , Manuel Barrios, en la editorial" Temas de Hoy nombres de la historia". Dado que estoy medio auto exiliado de CELTIBERIA no he rebuscado en el resto de mi "archivo" a ver si algun autor más confrimaba el hecho, pero desde luego me parece muy plausible pàra la época y el "jaez" de los personajes (me figuro que Dña.Blanca sabría de sobra que el Rey Juan nunca iba a pagar y traería instrucciones de mantenerse como fuera en el trono). Paz y bien


  12. #12 andante viernes, 25 de mayo de 2007 a las 23:00

    Hola, en primer lugar quería daros la gracias por haberme contestado, también quiero pedir perdón por abrir dos hilos con el mismo tema. Como no encontré en celtiberia la pregunta que había formulado, varios días después lo volí a publicar pensando que por algun error mío, no había aparecido mi primer post. Dicho esto y volviendo al tema que he iniciado, Hace tiempo que leí en una revista local un breve artículo que contaba algo parcido a lo que dice Reuveannabaraecus, en el otro hilo equivocadamente abierto por mí: http://www.celtiberia.net/verrespuesta.asp?idp=9717 Efectivamente cerca de Casas de Don Pedro, hay un cerro que se llama así. El autor del artículo también explicaba que la batalla de Montiel pudo poducirse en ese lugar y no donde cuentan las crónicas. Por eso y abusando de vuestro tiempo y sabiduria, me permito hacer estas preguntas: ¿Es posible que un cronista como Lopez de Ayala, se equivocara en su cronica, bastante detallada con lugares, fechas, etc. y estantando un Montiel del otro separados por una enorme distancia? En una página de internet leí que Enrique II, había mandado construir un monasterio, cerca del Montiel que cuentan la crónicas, para que fuera enterrado su hermanastro. Y lo que sí parece seguro es que los restos de Don Pedro reposaron en la iglesia de Puebal de Alcocer.He estado buscando alguna relación que hubieran podido tener en vida Enrique ll y su hermanastro, independientemente con dicha villa y no encuentro ninguna, tan solo lo ya citado por frank_drebin en el anterior enlace, que Casas de Don Pedro se llama así tras pronunciar el citado rey la frase casas veo. Este pueblo dista de puebla de Alcocer unos 20 km ¿conoceis algo sobre ello? Un saludo y gracias anticipadas por vuestras respuetas.


  13. #13 Reuveannabaraecus sábado, 26 de mayo de 2007 a las 01:19

    Disculpas pido yo también por haber contestado la pregunta repe en lugar de la primera, la que desarrolló este interesante foro. No obstante, no quiero repetir aquí lo que ya dije allá sobre la posible ubicación de la batalla de Montiel en el cerro homónimo próximo a Casas de Don Pedro (precisamente) y Puebla de Alcocer: (Imagen de esta última). Poco te puedo aportar, Andante, sobre la cuestión que nos planteas, al menos por ahora. Te facilito, a ti y a los seguidores de este foro, el siguiente enlace sobre la Puebla de Alcocer y su historia, por si de él pudiera extraerse algún dato que arroje algo de luz sobre la cuestión: Puebla de Alcocer Saludos a todos.


  14. #14 Reuveannabaraecus sábado, 26 de mayo de 2007 a las 01:37

    Al hilo: el topónimo Alcocer proviene del árabe al-qusair "el castillejo". Este nombre hispanoárabe debe de hacer referencia, sin duda, a la pequeña fortaleza musulmana que se asentaría en lo más alto de la Sierra del Castillo o Sierra de Lares antes de la construcción de la fortaleza cristiana (ss. XIII-XIV) que se observa actualmente en su cima, que no es precisamente ningún castillejo sino, tal vez y junto al de Alburquerque, el mejor exponente de castillo medieval conservado en Extremadura. Sólo un dato: la altura de su torre del homenaje no tiene parangón en casi ningún otro castillo de la Península Ibérica. Subir a ella y asomarse a sus almenas es una experiencia verdaderamente recomendable, inolvidable para la vista... y para el vértigo.


  15. #15 andante sábado, 26 de mayo de 2007 a las 08:30

    Gracias Reuveannabaraecus, conozco la zona pues vivo muy cerca de Casas de Don Pedro y Puebla. Solo comentarte que el castillo de Puebla se asienta en la sierra, llamada sierra del castillo como bien dices. La sierra de Lares es otra sierra paralela a la anterior distante unos 7-10 km, y en la cima de esta se encuentra el castillo o fortaleza de Lares, También de origen árabe y de la queapenas se conserva un paredon, los cimientos y un algibe. Despues de la conquista de Fernando lll el Santo de estas tierras la donó a la orden del Temple, que la convirtió en encomienda y que con la desaparición de esta orden pasó a manos de la orden de Alcántara. Saludos.


  16. #16 amnu sábado, 26 de mayo de 2007 a las 11:02

    Volviendo sobre la encerrona a Pedro I he leído en algunos sitios que en realidad había sido un Andrade vasallo de Enrique el que realmente pronunció lo de "...ayudo a mi señor" y bueno aunque es un hecho puramente anecdótico, que no importa gran cosa, me choca que se diga ahora que lo hizo el tal Du Guesclin.


  17. #17 andante sábado, 26 de mayo de 2007 a las 21:32

    Muchas gracias amnu. Mirando en la red he encotrado esto: http://www.euskalnet.net/laviana/gen_hispanas/andrade.htm VIII. Fernán o Hernán Pérez de Andrade, fue gran servidor y Valido del Rey Don Enrique II de Castilla. De él escribe el Licenciado Molina, en su "Descripción del Reino de galicia", y lo reproducen Argote de Molina y otros autores, "que al tiempo que el Rey Don Pedro y el Rey Don Enrique, su hermano, se combatieron en la tienda del Condestable Beltrán de Claquin (Beltrán Du Guesclin), como luchando los dos Reyes Don Enrique quedase debajo, visto por Fernán Pérez de Andrade, socorrió a su señor diciendo: "Yo no quito Rey ni pongo Rey, sino libro a mi señor. Y dio lugar a que el Rey Don Enrique se mejorase y matase al Rey Don Pedro. Por esto el Rey Don Enrique le dio ciertas villas en Castilla que son del Condado de Andrade". Esta versión la corrobora una de las antiguas historias de galicia, que dice: "La casa de Andrade aquí vos la digo, porque su fecho también se publique, que un grande privado del Rey Don Enrique, fue, contra Don Pedro, su hermano, el abrigo, y en una contienda le fue tan amigo, que viéndole estar caído, le quiso dar tal ayuda, socorro y aviso, que, dándole vuelta, mató a su enemigo". De estos versos, como se ve, se deduce claramente que un caballero de la casa de Andrade, gran privado del Rey Don Enrique, fue el que ayudó a este Monarca en su lucha personal con su hermano Don Pedro I. Claro que la tradición, acogida en muchas "Historias de España", asegura que él que no quitó ni puso Rey, pero ayudó a su señor, fue el caballero Beltrán Du Guesclin; pero merece también tomarse en consideración lo que esa antigua historia de galicia dice, lo que cuenta con más acopio de datos el Licenciado Molina y lo que manifiestan historiadores y genealogistas de tanto prestigio como Gonzalo Argote y Felipe de la Gándara, máxime cuando en algunas Historias generales de España y en otras del extranjero se pone seriamente en duda que fuese Beltrán Du Guesclin el que ayudase a Don Enrique, opinando que fue otro caballero, cuyo nombre no indican. También Pedro Lezcano, en su "Historia genealógica", confirma lo que va dicho, y coincide con los mencionados tratadistas en asegurar que la lucha entre Don Pedro I y Don Enrique II se desarrolló en la tienda de Beltrán Du Guesclin; pero que no fue éste, sino Fernán Pérez de Andrade el que ayudó y levantó al de Trastamara, proporcionándole el triunfo sobre su hermano. Hay también el dato de que dicho Fernán Pérez de Andrade fue primer Señor de las villas de Puentedeume, El Ferrol y Villalba, y léese que esas villas se las dio el Rey Don Enrique II en premio de los muy eficaces y señalados servicios que le había prestado. Fernán murió sin sucesión, por lo que vino a heredarle en la casa y bienes de su apellido su hermano


  18. #18 andante sábado, 26 de mayo de 2007 a las 21:34

    Es curiosa la cantidad de cosas que puedes averiguar investigando un poco y que no tienen nada que ver con lo que dice la historia "oficial". Saludos.


  19. #19 Reuveannabaraecus sábado, 26 de mayo de 2007 a las 22:39

    Gracias por la aclaración, Andante; juraría haber visto en mapas la Sierra del Castillo y la Sierra de Lares como la misma, o una como continuación de la otra, pero concedo más validez a su comentario (como conocedor de la zona) que a mi memoria. Un saludo.


  20. #20 andante sábado, 26 de mayo de 2007 a las 23:19

    A ver si en este enlace se puede ver Reuveannabaraecus, http://maps.google.es/maps?ie=UTF8&t=h&om=0&ll=38.968485,-5.256443&spn=0.05739,0.110893&z=13 La sierra del castillo se aprecia perfectamente entre Puebla y Esparragosa de Lares, la sierra de Lares empieza justamente donde está señalado en el mapa Galizuela. Saludos.


  21. #21 Reuveannabaraecus domingo, 27 de mayo de 2007 a las 01:23

    Aquí se ve bien, Andante: Del mismo GoogleEarth. De modo que la Sierra de Lares es la de Galizuela. Obsérvese también la perfecta circunferencia del Cerro Masatrigo, cuya silueta serviría perfectamente para explicar a jóvenes alumnos/-as de matemáticas qué es un cono. Algo oí de repoblación gallega por esta zona, a raíz de lo de Galizuela, (L)Ares y Masatrigo.


  22. #22 amnu lunes, 28 de mayo de 2007 a las 14:11

    Gracias a ti Andante, en realidad el tal Du Guesclin sería raro que pronunciase esa frase pues era más un aliado que dependía de Francia y no tanto de Enrique con lo que la frase por lógica debería corresponder al de Andrade al que sí le unía un vínculo de vasallaje.


  23. #23 Celtiberico martes, 08 de enero de 2008 a las 13:40

    Buenas tardes a tod@s.

    Tan sólo quería tener confirmación del lugar exacto donde residen actualmente los restos de Pedro I. ¿Alguien me lo podría contestar?

    Muchas gracias


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