Realizada por: Larber
Al Druida: ovidi
Formulada el sábado, 30 de diciembre de 1899
Número de respuestas: 2
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Los plomos y Roman del Cerro


Que grado de aceptación,veracidad y/o credibilidad ofrece en los niveles universitarios el "Desciframiento de los plomos de la Serreta de Alcoy" Me interesa tu criterio sobre el libro de Roman del Cerro.

Respuestas

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  1. #1 ovidi Hace mucho tiempo... ¡muchísimo!

    Como lingüista y traductólogo, desconfío mucho de ese estudio porque advierto que en ningún caso llega a probar sus hipótesis; aún más, utiliza hipótesis como soporte para otras de modo que finalmente da la impresión de un edificio que en realidad es redundante. El autor lanza una hipótesis: lo que se lee (pero no se entiende) en el plomo más famoso de Alcoy podría ser una lista de lugares. Como del Cerro ha compilado una extensa lista toponímica (mayor y menor) de Alicante, dispone de un gran número de topónimos con los que comparar el significante para asignarle un referente. Pero si ojeas el libro, verás que el autor de inmediato cree de inmediato que “has proved his case”: “tuve, pues, la evidencia de que en el texto ibérico existían nombres referenciales de carácter geográfico” (p. 9); así, la lógica prevención desaparece con afirmaciones rotundas: “no sabemos a ciencia cierta cuándo se realizó dicha ofrenda” (p. 7) (por lo tanto se realizó), “los 41 pueblos contestanos que hicieron la ofrenda... (p. 8), etc. Román del Cerro ha creído confirmar la hipótesis por dos vías: a) la comparación con el relieve geológico y b) la comparación con la lengua vasca actual. Respecto a esto último, sé que el libro ha tenido un par de críticas demoledoras por parte de autoridades en la historia de la lengua vasca, pero no las he leído y ahora no puedo proporcionar las referencias. Es una lástima, porque el autor ha escrito algún estudio de lingüística general que, sin ser demasiado actual, tenía su mérito, pero con este libro creo sinceramente que metió la pata hasta el fondo. Por mi parte veo que, cuando le conviene, el autor aplica reglas de evolución fonética propias del árabe, otras veces toma indiscriminadamente, para confirmar de forma definitiva, paralelos de cualquier dialecto vasco asumiendo sin problemas que el euskera tiene una línea de continuidad con el ibero meridional, sin fundamentarse en la historia de la lengua vasca ni su dialectología. En resumen, toma lo que le viene bien cuando le parece. La posibilidad de combinaciones es tan alta, que en realidad puede llegar a cualquier conclusión que se proponga, porque casi para cualquier palabra ibérica, una vez convenientemente transformada y segmentada, hallará un topónimo parecido, ya sea en Murcia o en Enguera. Como el significado latino, árabe o catalán no cuentan para nada, del Cerro se sentirá autorizado para asignarle el sentido que desee. Así Campello, topónimo romance hasta hoy incontestable, se transforma en “el llano bajo la montaña”. Aparte del hecho que casi todo el litoral valenciano es un llano bajo la montaña junto al mar (pero curiosamente El Campello, que conozco bien, es bastante más rugoso que los terrenos circundantes), ¿de dónde toma la base para asegurar, incluso suponer, que “Campello”= KAN/BE/LAU ”llano bajo la montaña”? Nos tiene que demostrar que eso es verdaderamente ibero, y no algo que se ha inventado arbitrariamente. En el plomo no aparece nada parecido, pero lo deduce a partir del significado hipotético de estas sílabas según el plomo. Ojo, puede haber algo que por su recurrencia (como es el KAN o KANT de tantos otros topónimos que hacen referencia a montes), pueda establecerse, pero no es el caso de **KAN/BE ni de **KAN/BE/LAU. No contento con eso, ¡llega a aventurar la hipótesis de que el latín CAMPUS es un préstamo del ibero CAN/BE! Poco a poco, verá en cualquier “regall” no el barranco o cuenca de aluvión en una ladera que es común en todo el catalán como derivado postverbal de “regallar” (chorrear, arroyar), y paralelo al castellano “regato, regajal” o “reguero”, sino un **ERI/KAL “cumbre en forma de dedo”. “Grossa” (calificativo común de sierras o montañas de apreciable volumen) se convierte en **KOSKAR/ **KROSK-A o **ORTS-A, que también, vaya casualidad, a veces brota como “roja”, por lo que la “Font Roja”, donde hay afloramientos rojizos del jurásico, deja de ser un topónimo catalán para hacerse ibero. Podríamos aventurar hipótesis ideológicas sobre la fascinación que ejerce en algunos investigadores valencianos buscar más allá del catalán o del árabe para tratar de encontrar una identidad distinta, para algunos acaso más “genuina” que la que merecen estas dos lenguas, las únicas habladas por la gran mayoría de la población en el último milenio... hasta hace apenas cincuenta años. Ah, pero serían meras hipótesis. Es una pescadilla que se muerde la cola: una lengua extraída del texto que se quiere descifrar. Ya que supone que el texto refleja la orografía, entonces la orografía nos dará el texto en forma de topónimos. Pero sólo dispondrá del propio texto para confirmarlos. Unas cuantas dificultades que se oponen a la tesis principal: la repetición de palabras, o palabras con morfemas distintos que sugieren una flexión (baserokar, baserokeiunbaida, bin, binike), la presencia de un claro numeral... indicios que apuntan a algo más que un mero listado. Luego están las dificultades de evolución fonética, verdaderamente caótica. A pesar de las críticas que ha recibido el libro, hay quien con buena fe ha tomado nota de los datos definitivos sin poner en tela de juicio la fiabilidad científica de su fuente. Así, existe una introducción a la historia de Alcoy escrita por un historiador local muy solvente que, junto a los topónimos corrientes y su significado romance o árabe (Font Roja, por ejemplo), añade las hipótesis de del Cerro como una posibilidad más. Pero no lo son. Valen tanto como las que podamos imaginar cualquiera de nosotros, mientras no se confirmen o se apoyen convenientemente. Recuerdo que cuando el autor anunció a bombo y platillo su “descubrimiento”, lanzado con un vídeo costeado por unas conocidas instituciones financieras locales y en el que colaboró la propia Consellería de Cultura, indicó que el resultado era “muy poético”. Cualquier lingüista sería escéptico ante la posibilidad de rescatar un registro literario de una lengua que lleva más de un milenio muerta, como poco, a partir de la toponimia, pero después de comprobar sus métodos, debemos dudar de todos los datos del libro. Por cierto, otro audaz investigador privado ha leído de forma diferente este mismo texto: resulta ser (en su opinión) un registro de vertidos en un estercolero. ¿Con cuál nos quedamos? Mejor ser realistas. Podemos aventurar muchas hipótesis, pero hasta que no se descubra una piedra Rossetta con un buen pedazo de texto bilingüe, no podremos hacer gran cosa. Y del egipcio antiguo se dispone de cientos de miles de testimonios, sin contar con que una evolución de esa lengua, el copto, ha subsistido como lengua litúrgica de los cristianos egipcios del mismo nombre. Del ibérico tenemos fósiles en toponimia y unas cuantas inscripciones en plomos, cerámica o monedas. Nos hace falta algo más que moral.


  2. #Gracias Larber AGRADECIMIENTO

    Rotunda, clara y argumentada exposición. Coincide con la opinión de un arqueologo amigo de esta Vega Baja. Gracias, seguiré "incordiandote"

  3. #2 rgonzalez sábado, 02 de agosto de 2003 a las 00:00

    He leido el tema de la epigrafia iberica en plomos, y me gustaria contactar con algún experto en el tema.


  4. Hay 2 comentarios.
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