Autor: R.Chao
viernes, 14 de diciembre de 2007
Sección: Edad Media
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Alfonso VII, rey de León y Emperador de Hispania

Resumen del reinado de Alfonso Raimúndez, que incluye algunas reflexiones sobre la incorrección de denominarlo "rey de Castilla".

La problemática sucesión de Alfonso VI

A comienzos del siglo XII se suceden varios acontecimientos que
marcarán el devenir del Reino de León. En primer lugar, en el año 1105
nace Alfonso Raimúndez, hijo de la infanta Urraca y de Raimundo de
Borgoña. Aunque en un futuro a medio plazo este niño estaría llamado a
ocupar el trono leonés, en aquel momento nada podía hacer prever tal
acontecimiento, ya que el heredero era entonces su tío, el infante
Sancho, único hijo varón de Alfonso VI. La infancia del Alfonso que nos
ocupa tuvo que ser especialmente dura, ya que quedó huérfano de padre
cuando sólo contaba tres o cuatro años. Poco después, su madre contrajo
nuevo matrimonio con Alfonso I “El Batallador”, rey de Aragón y
Navarra, pero esta unión, en lugar de estrechar los lazos entre las dos
Coronas, se convirtió en una permanente fuente de conflictos que sumió
en una grave crisis al reino leonés.

Por esa misma época, en el
año 1108, ocurrió una gran desgracia que cambiaría el transcurso de los
acontecimientos: en la batalla de Sagrajas, en medio de los combates,
perdió la vida Sancho, el heredero del Reino. Alfonso VI, enfermo de
dolor por tan gran pérdida, morirá poco después, siendo sucedido por su
hija Urraca. No sabemos si en la mente del rey fallecido estaba la idea
de que Alfonso I de Aragón fuera co-soberano junto a su hija, pero, en
cualquier caso, la unión de las Coronas de León y Aragón fue efímera
debido a las desavenencias conyugales existentes entre la madre y el
padrastro del futuro Alfonso VII. No es éste asunto para tomarse a
broma, porque, aunque hubo reconciliaciones, estas peleas maritales
degeneraron en constantes batallas.

Mientras tanto, Urraca,
siguiendo la ancestral costumbre leonesa, delegó el gobierno de Galicia
en su hijo. Diego Gelmírez, obispo de Santiago, junto a varios nobles
gallegos y leoneses opuestos al aragonés Alfonso I, y molestos con la
pusilanimidad mostrada por Urraca, coronaron rey en Galicia en 1111 al
todavía tierno infante Alfonso Raimúndez, y a continuación se
dirigieron a León para entronizarlo. Sin embargo, Alfonso I no se quedó
de brazos cruzados, y reuniendo un gran ejército de aragoneses y
castellanos, les salió al encuentro y les venció en Villadangos.

Las desavenencias entre Urraca y su marido continuaron durante muchos
años, pero a ellas hubo que sumar las que surgieron entre la soberana y
su hijo, con quien tuvo que compartir el reino por presiones de una
parte de la nobleza. Cuando ella muere, en el año 1126, queda como
único sucesor su hijo Alfonso Raimúndez, de 21 años, y que hoy en día
es conocido como Alfonso VII. Éste recibió la corona ese mismo año en
la ciudad de León.

Haciendo un paréntesis. resulta curiosa la costumbre
decimonónica de muchos historiadores de aprovechar la entronización de
Alfonso VII para señalar el comienzo de la por ellos denominada
“Dinastía Borgoñona”. En realidad no hubo tal cambio: la línea
sucesoria en este caso estuvo marcada por la madre, y no por el padre.
Lo mismo podría decirse del anterior “cambio de dinastía” en el Reino
de León: cuando Fernando I, conde de Castilla de origen navarro,
accedió al solio regio en 1037, en realidad lo hizo en virtud de su
matrimonio con Sancha, quien era la auténtica heredera del reino, por
lo que es incorrecto (y extremadamente machista) decir que en ese
momento comienza la “Dinastía Navarra”. Por lo tanto, podría afirmarse
que no hubo ningún cambio de dinastía en el Reino leonés, y sin duda
así lo percibieron los contemporáneos.

Este rey tuvo unos
comienzos realmente difíciles, ya que la parte de la nobleza que más
simpatizaba con Alfonso I de Aragón se le opuso con firmeza. Tras
sofocar las principales rebeliones, se enfrentó directamente con su
padrastro aragonés por los territorios de la Castilla oriental que éste
se había apropiado, consiguiendo que la ciudad de Burgos volviera a la
órbita leonesa el 1 de mayo de 1127. A comienzos del año siguiente
Alfonso VII contrajo matrimonio en León con Berenguela, hija del conde
barcelonés Ramón Berenguer III.

Alfonso VII, Emperador

Una
vez apaciguado el reino, y neutralizada la amenaza aragonesa, el rey de
León se embarcó en una exitosa serie de campañas contra los musulmanes
almorávides. Tuvo tanta fortuna, que pronto se hizo evidente para todos
que León se estaba haciendo de nuevo con la preponderancia militar y
política en el solar hispano. La estrepitosa derrota de Alfonso I “El
Batallador” en Fraga frente a los islamitas (1134) reforzó esta
impresión. Además, este rey murió al poco tiempo, lo que fue
aprovechado por Alfonso VII para recuperar los territorios de la
Castilla oriental que aún continuaban bajo dominio aragonés. Por si
fuera poco, el monarca leonés acudió en persona a la defensa de la
ciudad de Zaragoza frente a los almorávides, y penetró en ella entre
los vítores de los zaragozanos. Viendo que la coyuntura le era
totalmente propicia, el 26 de mayo de 1135, día de Pentecostés, Alfonso
Raimúndez fue coronado Emperador de Hispania en la catedral románica de
León, y como tal fue reconocido por los demás reinos cristianos, por el
conde de Barcelona Ramón Berenguer IV (su cuñado), y por varios condes
del sur de Francia. Pero poco después de este sonoro éxito, Alfonso VII
de León tuvo que enfrentarse al díscolo condado de Portugal, que se
convertiría en una espina clavada en el costado del Reino (ahora
Imperio) leonés, hasta que llegó a proclamar su independencia en 1139.
Fue reconocido como reino por el Emperador en el año1143.

Conquistas y política

Con
Alfonso VII se amplió la frontera sur de León con la conquista de
Ciudad Rodrigo y de Coria, lo que además sirvió para reforzar el límite
occidental con el nuevo reino luso. Gracias a sus conquistas y a sus
hábiles manejos políticos, el Emperador fue consiguiendo la
desintegración del dominio almorávide en la Hispania musulmana. Así, en
1146 logró tomar Córdoba, y ya nada parecía capaz de detener el avance
del rey leonés. Sin embargo, ese mismo año, los almohades (una nueva
dinastía islámica del norte de África) irrumpieron en la Península,
conquistando en poco tiempo y uno a uno los débiles reinos de taifas
almorávides. Éstos, asustados por la invasión, no dudaron en solicitar
urgentemente la ayuda de Alfonso. Por su parte, el emperador leonés
tomó Almería en 1147, aunque podría considerarse que a partir de
entonces comienza el declive de su reinado: Córdoba se entrega a los
almohades en 1148, y Berenguela, su amada esposa, fallece en 1149 tras
21 años de matrimonio. A pesar de sus intentos, Alfonso no logró
retomar Córdoba, y también fracasó en conquistar Jaén. En 1152 contrajo
matrimonio con Doña Rica, hija del conde Ladislao III de Polonia. En
1155, sin que conozcamos bien los motivos, el Emperador divide
oficialmente sus dominios entre sus dos hijos de una forma bastante
equitativa: a Sancho, el mayor, le correspondería la Corona de Castilla
(que incluía los reinos de Castilla y de Toledo), y a Fernando, la de
León (Reinos de Galicia, Asturias, León y, en un alarde de optimismo,
Portugal, además de los territorios de la Extremadura Leonesa).

En
cuanto a su política matrimonial, Alfonso VII casó a su hija Constanza
con Luis VII de Francia en 1152, y en 1153 unió a la infanta Sancha con
su vasallo Sancho VI de Navarra. En 1155 obtuvo sus últimas victorias
tomando Andújar, Pedroche y Santa Eufemia, pero en 1157 fue incapaz de
retener las plazas de Baeza y Úbeda, y finalmente también perdió
Almería. Atribulado por tamaña desgracia, Alfonso murió poco después
cuando regresaba de la campaña, a la edad de 52 años. Dado que
trasladarlo a la ciudad de León era prácticamente imposible debido a la
distancia y a la época del año, el Emperador fue enterrado en Toledo.

Algunas reflexiones finales

Como
hemos visto, los 31 años de reinado de Alfonso VII dieron mucho de sí.
Es uno de los reyes leoneses de quien conocemos más datos gracias a la
Chronica Adefonsi Imperatoris (Crónica del Emperador Alfonso), que fue
escrita en su misma época por un autor desconocido, aunque sin duda era
de origen eclesiástico y debía gozar de una posición muy cercana al
monarca. En esta crónica, Alfonso Raimúndez recibe la denominación “Rey
de León” en 42 ocasiones, siendo residuales las referencias a otros
títulos como “Emperador de León y Toledo” (dos veces), o “Rey de los
Hispanos” (una). Sin embargo, en ningún momento es llamado “Rey de
Castilla” ni mucho menos “Rey de Castilla y León”. Llamo la atención
sobre este hecho (que se repite en la documentación) porque hoy en día
es raro encontrarse con una enciclopedia, libro de texto o incluso
monografía de tema histórico donde no se le llame en exclusiva con
alguna de las dos últimas y anacrónicas titulaciones. Esta aberración
es producto de una historiografía dominada por el castellanismo que se
arrastra más o menos desde la época de Alfonso X y sus tergiversadas y
manipuladas Crónicas. En esta misma línea se podrían incluir casi todos
los antihistóricos cantares de gesta castellanos (sobre todo los del
ciclo del Cid); a pesar de ser principalmente fantasiosas obras de
literatura, y a pesar de contar con múltiples errores cronológicos, de
identificación de personajes, anacronismos, etc. fueron utilizados por
el Rey Sabio como materia prima de sus mencionadas Crónicas, vendiendo
una Historia castellanocéntrica al servicio de su dinastía. Por
desgracia estas Crónicas, al estar redactadas en castellano, han sido
utilizadas hasta la saciedad por los historiadores desde el siglo XIII
hasta nuestros días, mientras que por el camino se han ido olvidando
convenientemente del resto de las crónicas que no cuadraban con él, y
que parten con el inconveniente de estar escritas en latín.

La “leonesidad” de Alfonso VII queda patente en multitud de detalles:

·Gran parte de sus monedas llevan incisa la figura de uno o varios leones y el nombre de la ciudad de León.

·Se coronó dos veces en León: una como rey, y otra como emperador.

·Los
actos importantes para la monarquía (bodas, funerales, etc.) casi
siempre tuvieron lugar en León, a pesar del enorme prestigio de Toledo.

Y
ello sin restar importancia al resto de los reinos de la Corona, porque
si por algo se caracterizó la monarquía leonesa fue por su respeto a
las particularidades e idiosincrasia de cada uno de ellos.

Más informacióen en: http://corazonleon.blogspot.com/2007/05/alfonso-vii-rey-de-len-y-emperador-de.html


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Comentarios

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  1. #1 giannini 10 de jun. 2007

    San Isidoro, ya sabes pérola que es la Colegiata. Como también sabes, la catedral, está dedicada a Santa María. Os dejo que me voy al cine.

  2. Hay 1 comentarios.
    1

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