Autor: berserker
jueves, 03 de mayo de 2007
Sección: Historia Antigua
Información publicada por: berserker
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¿Con que tropezaron los romanos en el N.O. de Iberia?

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Para empezar creo necesario explicar de antemano, que con este artículo no pretendo sostener ninguna teoría, me limito a plantear una enorme pregunta...

Hoy por hoy ,los historiadores se ven enfrascados día si, día también, en una guerra no declarada entre partidarios del celtismo y el anticeltismo, son éstas unas discrepancias que han venido consolidándose en los últimos años,y en mi modesta opinión, el tema principal a investigar se está dejando completamente de lado,:

-¿Que pueblo fué el autor de los imponentes monumentos megalíticos? está claro que no fueron los celtas (a las dataciones arqueológicas nos remitimos)...
-¿Que pueblo estableció relaciones comerciales mas o menos probadas por todo el eje atlántico?...
-etc etc.
Se pueden encotrar miles de similitudes con el pueblo celta en muchos aspectos, pero aún así no podemos afirmar con toda seguridad que sean elementos propiamente celtas,tambiém claro está ,podemos plantearnos la pregunta de: ¿A que podemos denominar celta, y que es realmente lo celta? pero esto es harina de otro costal....
La doctora G. López Monteagudo nos dice: "Diodoro designa como celtíberos a todos los habitantes de la meseta, lo que coincide con la afirmación de Plinio de que la Celtiberia llegaba hasta el Atlántico. Teniendo en cuenta que estas fuentes son tardías, puede suponerse que la situación que describen era debida a la expansión de los pueblos celtibéricos del extremo oriental de la Meseta sobre otros grupos indoeuropeos que habitaban el resto de esta amplia región.", y también: "Estrabón cita unos keltoí en las cercanías del cabo Nerión, llamado por Mela Promontorium Celticum, que habían llegado hasta alli en compañía de unos turduli y que eran parientes de otros keltikoí que vivían junto al Anas. Según Garcia y Bellido, estos celtici habían salido de la región oriental de la Meseta en dirección a Lusitania, en donde encontramos otros celtici en la desembocadura del Guadiana; desde aquí habían reemprendido el camino hacia Galicia, en donde parte de ellos se fundieron con otros celtici que vivían dispersos en la región galaica."(La región galaica abarcaba toda la zona comprendida al norte del Duero y al oeste de la linea que forman el Sella en Asturias y el Esla en León, no sólo la Galicia actual).

Manuel Bendala nos dice: "En las fases más antiguas los castros se organizan interiormente en casas redondeadas y aisladas, una vieja tradicón que nos remite a tiempos prehistóricos; constituyen un paradigma, no sólo de escaso aprovechamiento del espacio ocupado, sino de individualidad, ausencia de coordinación y de jerarquías sociales, quizá el mejor contrapunto a la idea del asentamiento planificado y sujeto a un plan que aplica una determinada autoridad comunitaria. Este tipo de casas se mantiene de forma muy conservadora en la que se considera cultura castreña por antonomasia, la "castrexa" del noroeste, propia de los galaicos y pueblos limítrofes, fundamentalmente los astures de las inmediaciones.".

Lo que está suficientemente claro , (al menos a mi parecer) es que había una importante cultura asentada en el noroeste de iberia, y es aquí donde comienza el problema, las dudas, y las preguntas:
-¿Podrían ser autóctonos, o una prolongación de un influjo atlántico comun?
-¿Quienes eran realmente los Oestrimnios?
-¿Existieron realmente?
-¿Celtas, Pre-Celtas, o Celtizados?
Saludos a todos


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  1. #1 Anfus 23 de mayo de 2007

    Unas notas extraidas de http://62.204.194.45:8080/fedora/get/bibliuned:ETFSerie1-F6CD81B9-38F6-48E5-1F3D-FCEDBBCEC122/PDF de las que se desprende como la neolitización de Galicia combinaría el elemento autóctono con unas influencias más inmediatas siempre llegadas a través de rutas costero-marítimas desde Portugal y en el ámbito de la fachada atlántica antes que de una meseta ibérica mientras tanto debilmente neolitizada.(disculpen lo extenso del l "corta-pega" que, no obstante, creo podrá solventar dudas planteadas):

    La perspectiva de un proceso de neolitización que desde las costas
    atlánticas de la península Ibérica se dirige hacia sus orígenes, recorriendo
    el Mediterráneo hasta sus tierras más orientales, continúa afianzándose
    sobre puntos cada vez más numerosos.

    serán parte fundamental del proceso (de neolitización) aquellas otras comunidades que ya estaban establecidas en cada una de las áreas desde el Epipaleolítico y que continuarán
    durante algún tiempo su propia evolución. Conjunto de condiciones que,
    en efecto, parecen cumplirse en la fachada mediterránea peninsular y en
    su mitad meridional atlántica, de manera que la dualidad prevista coincidiría
    plenamente con la imagen proporcionada por la documentación arqueológica
    alrededor del 6000 cal BC, que nos muestra dos grupos humanos
    bien diferenciados, sin ninguna relación genética entre ellos.

    «Si examinamos los yacimientos llamados neolíticos, su cultura material y su
    extensión, además del patrón de asentamiento en cuevas y abrigos, no
    nos parecen tan distintos de los yacimientos con una subsistencia plenamente
    cazadora. El cambio decisivo de la forma de subsistencia y del patrón
    de asentamiento parece haberse producido, no solamente en el Este,
    sino también en otras zonas de la Península Ibérica, en el Neolítico medio
    o tal vez incluso al final del Neolítico y comienzos de la Edad del Cobre (...)
    Este dato refuerza la suposición de que los elementos culturales del
    Neolítico no fueron introducidos en la Península Ibérica por nuevos inmigrantes,
    sino que los grupos de cazadores indígenas integraron ideas nuevas
    en su tradicional forma de vida» (ibíd., 94)

    en el momento inicial del Neolítico hay en la Península dos grupos
    distintos, que se encontrarán mutuamente en un espacio y un tiempo diferente
    en cada caso. Con toda certeza, la integración neolítica del Epipaleolítico
    fue un proceso complejo en el espacio y en el tiempo, que se prolongó
    más allá de la primera neolitización,

    4.3. Portugal
    La parte central y meridional de la fachada atlántica peninsular, desde
    Figueira da Foz, en la desembocadura del río Mondego, hasta la Ponta de
    Sagres, ofrece los últimos hallazgos de cerámicas impresas cardiales, de
    nuevo con su característica distribución costera, que se relacionan con la
    difusión marítima del Neolítico antiguo desde el ámbito mediterráneo. La
    existencia de cerámicas cardiales era conocida aquí desde los primeros
    estudios relativos a sus áreas de distribución, pero la valoración del primer
    Neolítico estaba condicionada por la escasez de los hallazgos y por la imprecisión
    de los contextos; por el contrario, las pioneras excavaciones en
    los concheros de Muge, en el valle del Tajo, habían convertido al territorio
    portugués en una de las áreas donde mejor se documentaba el poblamiento
    epipaleolítico.

    La importancia de los conciheros epipaleolíticos para el estudio del proceso
    de neolitización resultaba evidente, al comprobarse la aparición de
    cerámicas, siempre escasas, junto a la industria lítica geométrica. Además,
    las analogías entre Moita do Sebastiáo y Cocina I, o Cabego de Amoreira
    y Cocina II, mostraban que la evolución industrial epipaleolítica tenía un
    desarrollo paralelo en ambos lados de la Península.

    Sin embargo, a la
    hora de establecer comparaciones más detalladas entre una y otra parte,
    faltaba en el occidente peninsular aquel conjunto de yacimientos neolíticos
    con gran riqueza de cerámicas impresas cardiales que sí existían en
    Cataluña, País Valenciano, Andalucía o Aragón, siguiendo en esta enumeración
    geográfica el orden cronológico en el que aquellos yacimientos
    del Neolítico puro fueron conociéndose. Había, sí, evidencias del Neolítico
    antiguo, pero no parecía tratarse de un foco del que partirían las influencias
    para la neolitización del substrato.Los trabajos desarrollados en los últimos años han modificado este panorama. En primer lugar, se ha avanzado considerablemente en el conocimento
    del Epipaleolítico, destacando los análisis antropológicos de
    los enterramientos anteriormente descubiertos en los concheros del río
    Muge o las nuevas excavaciones de los concheros del valle del río Sado.
    Los análisis de los esqueletos de Muge sugieren una dieta equilibrada
    entre los recursos terrestres y acuáticos, y parece tratarse de una ocupación
    permanente en la que el poblamiento epipaleolítico busca aprovechar
    sobre todo los estuarios interiores de los ríos. Las dataciones absolutas,
    como las de Moita do Sebastiáo y Cabego da Arruda, indican que el
    establecimiento de este modo de vida se produciría hacia el 6200 a.C. y
    terminaría hacia el 5200 a.C, aunque la ocupación de estos concheros
    parece continuar con posterioridad a los últimos enterramientos datados.
    El panorama se repite en las tierras más meridionales, como en el conjunto
    de concheros del estuario del río Sado y, aun más al sur, en los de
    Vidigal o de Fiáis, éste último ya en el estuario del río Mira. En los concheros
    del Sado, al igual que en los de Muge, la zona ocupada corresponde
    a la parte más interior del estuario en los inicios del periodo
    Atlántico, pero sus ocupantes no sólo aprovechaban los recursos inmediatos,
    sino que también pescaban en el mar y, en algunos yacimientos
    como el de Cabego do Pez, estas actividades se complementaban con la
    caza de mamíferos silvestres. Se comprueba, pues, una mayor variabilidad
    entre los yacimientos, que ha sido interpretada en términos de campamento
    base y campamentos especializados en la obtención de determinados
    recursos. La formación de estos concheros se sitúa ya entre el
    5800 y el 4900 a.C, y en algunos de ellos, como en el de Cabego do
    Pez, la cerámica impresa no cardial aparecía por encima de los niveles de
    conchero; o se encontraban algunos fragmentos en el interior del propio
    conchero, como en Amoreiras.
    En segundo lugar, y por lo que se refiere a los yacimientos que podrían
    considerarse propiamente neolíticos, las novedades a destacar serían la
    constatación de su creciente importancia y las hipótesis sobre su propio territorio,
    es decir, la excavación y estudio de nuevas secuencias estratigráficas,
    como la de la Gruta do Caldeiráo, y la interpretación de su propia situación
    geográfica como una elección que tiende a evitar las zonas
    ocupadas por los concheros del Tajo, el Sado y el Mira. Ya en su primera
    revisión, Guilaine y Ferreira (1970) concluyeron que en Portugal, como en
    el resto del Mediterráneo occidental, existía un Neolítico antiguo caracterizado
    por la cerámica cardial, presente en la estación al aire libre de
    Ponta de.Sagres, en la Gruta do Escoural (Montemor o Novo), en el vaso
    con decoración cardial procedente de los alrededores de Santarem, Gruta
    III do Cabego da Ministra (Alcobaga), Gruta da Eira Pedrinha (Condeixa)
    y, sobre todo, en la zona de Figueira da Foz: Junqueira (Brenha), Forno da
    Cal (Soure), Várzea do Lirio (Pinhal do Reverendo Margato) y otros.
    Hallazgos que han continuado incrementándose paulatinamente, como es
    el caso de los yacimientos al aire libre estudiados en el Alentejo litoral y en
    el Algarve, cuyo material revela un horizonte cardial pobre, junto a cerámicas
    impresas no cardiales y de otros tipos. Destacaremos en este punto
    el estudio de los yacimientos del área de Sines, como Vale Pincel, Vale
    Vistoso y Saloma, que han conducido en ocasiones a postular la existencia
    de una tradición cultural distinta pero sincrónica de la cardial (Silva y
    Soares, 1981). Y también, teniendo en cuenta la proximidad de este grupo
    al conjunto de concheros mesolíticos del estuario del Sado, Arnaud (1990)
    los ha tomado como base para plantear distintos modelos, bien suponiendo
    que estos yacimientos del área de Sines pertenecerían al mismo territorio
    que los epipaleolíticos del Sado, representando la adopción progresiva
    del modo de vida agro-pastoril; o bien, relacionándolos con la
    colonización por vía marítima de pequeños grupos que portarían la nueva
    economía agrícola.
    El aumento de la documentación sobre el Neolítico ha sido especialmente
    importante en la región central, como en el área de Rio Maior, con
    el abrigo de Bocas y el Alto das Bocas, y la Gruta do Caldeiráo (Tomar),
    cuya secuencia y enseñanzas sobre el Neolítico de la mitad meridional de
    la fachada atlántica han sido abordadas por Zilháo (1992 y 1993). En
    Caldeiráo se establecen cuatro horizontes: Magdaleniense, horizonte de
    ocupación del Neolítico antiguo cardial. Neolítico antiguo epicardial y
    Neolítico medio. Las dataciones indican que los enterramientos del
    Neolítico antiguo cardial tuvieron lugar entre 5348-5231 cal BC, y que tal

    vez hubo un episodio anterior en 5970-5570 cal BC. Durante el Neolítico
    antiguo la cueva parece haber sido utilizada principalmente conno lugar de
    enterramiento, aunque la presencia de algunos huesos de animales sugiere
    que pudo servir de refugio ocasional, desconociéndose el asentamiento
    que correspondería a la gente que lo frecuentó. Y el análisis de los
    huesos humanos señala una dieta carente de recursos acuáticos, en contraste
    con lo que sucede en el Mesolítico de la región, indicio de que posiblemente
    se trata de una comunidad con economía agrícola. De este
    modo, pues, los resultados de Caldeiráo, junto a los de otras estaciones
    como los asentamientos al aire libre, antes mencionados, de Figueira da
    Foz, sugieren que el primer Neolítico de la región central portuguesa se
    caracteriza por la presencia de la cerámica cardial asociada desde el principio
    a un sistema económico agrícola-pastoril. Su cronología inicial podría
    situarse alrededor del 5600 a.C. en la parte norte de Estremadura, en las
    zonas calizas alrededor de Figueira da Foz, Tomar y Torres Novas. Éste
    podría haber sido un territorio marginal para los grupos epipaleolíticos que
    vivían en el estuario del Tajo, de los cuales estos primeros neolíticos parecen
    haber sido contemporáneos al menos en parte. De modo, pues, que
    el primer Neolítico ocuparía los espacios intermedios entre las poblaciones
    cazadoras-recolectoras de los estuarios del Tajo, Sado y Mira, que a su
    vez continuarían explotando sus nichos ecológicos tradicionales durante
    algunos siglos hasta iniciar su proceso de neolitización.
    Así pues, también en el occidente peninsular la imagen dominante vuelve
    a ser, como en las otras zonas periféricas a las que nos hemos acercado,
    la de la dualidad. Un idéntico substrato que se integra en el
    Epipaleolítico geométrico y un mismo Neolítico inicial representado por los
    grupos portadores de la cerámica cardial. Y, como consecuencia, la dualidad
    de quienes en su expansión aportan una nueva manera de vida y
    quienes han desarrollado una adaptación fructífera al medio en el que
    viven e intentan permanecer en ella o ir incorporándose a aquella otra. La
    dualidad, también y finalmente, de los espacios amplios que separan a
    aquellos grupos pequeños, hasta el tiempo de su convergencia.
    Hemos seguido en esta exposición acabada en territorio portugués el
    camino habitual desde el oriente al occidente. Una breve recapitulación
    final debe recordar que, en efecto, hablar de dualidad y de expansión de
    los grupos humanos requiere precisar el punto inicial y el camino de la difusión
    neolítica: ¿hemos de pensar en un proceso general norte-sur para
    el Mediterráneo peninsular, con el punto de partida en los Pirineos, tal
    como han apuntado Bertranpetit y Cavalli-Sforza (1991), lo que haría difícil
    explicar las discontinuidades?; ¿existe un componente costero, relacionado
    con la navegación, que privilegiaría las zonas próximas al mar y

    los ríos como camino de penetración hacia el interior, y del que serían
    hitos iniciales de cada territorio las cuevas immediatas al mar, como el
    núcleo alicantino que representan la Cova de les Cendres, Cova del
    l/lontgó (Xábia, Alicante) y Cova de Bolumini (Beniarbeig-Benimeli,
    Alicante)?; ¿sucedería lo mismo en el núcleo catalán, en Andalucía occidental,
    en la mitad meridional de Portugal?; ¿partiendo de la costa, son
    los ríos los caminos de la expansión?; ¿es posible una lectura territorial
    del proceso de neolitización, como ha propuesto Bernabeu (1996), que
    tendría el hilo conductor en las tierras y las condiciones medioambientales
    más convenientes para la agricultura inicial? Hoy por hoy, las respuestas
    a estas cuestiones tienen la forma de nuevas hipótesis, como
    las que se refieren al peso demográfico de los recién llegados, tal vez
    muy reducido; a que el camino de propagación no hubo de ser necesariamente
    un continuo de norte a sur y de este a oeste, sino tener discontinuidades
    y penetraciones profundas; a que estos grupos pioneros ocupan
    las cuevas y abrigos que son seguras y adecuadas para su justo
    potencial demográfico y que, por eso mismo, tal vez no sería al principio
    tan importante el habitat de poblados estables; o, también, a que dichos
    grupos se establecen entre una población epipaleolítica asimismo de baja
    demografía y amplios territorios. Lo que sí resulta evidente ya a estas alturas
    es que durante un cierto periodo de tiempo coexisten, en áreas separadas
    y bien delimitadas, agricultores-pastores y cazadores-recolectores,
    dos sistemas de explotación del territorio que parecen incompatibles.
    Dos sistemas que, como hemos visto, pueden concretarse internamente
    en distintas facies funcionales. Pero las fronteras estarán destinadas a
    disolverse e, inevitablemente, el territorio de la total homogeneización
    crecerá, puede que ahora sí, sobre aquellas tierras que mejor favorecen
    la expansión de la agricultura.



    Sobre MEGALITISMO de interés al respecto lo que se lee en http://html.rincondelvago.com/francia.html

    En esta región, la aparición de los primeros agricultores esta conectada intimamente con el surgimiento muy importante: los megalitos.

    Existen diversos interrogantes en cuanto a la aparición de estos. Hubo un tiempo en que estos fueron atribuidos a un "pueblo de constructores de dolmenes", arquitectos reputados, misioneros de una religión megalitica.

    ¿Donde habia comenzado esta religión?. Normalmente se habia establecido su origen en Oriente y el Mediterraneo habria favorecido la difusión de estos constructores que introdujeron su arquitectura a medida que se desplazaban hacia el oeste; los trabajos recientes han demostrado que estos trabajos de difusión solo han jugado un papel secundario, la construcción de dolmenes ha sido un fenómeno propio de ciertas civilizaciones en un momento dado de su evolución.

    Es dificil diferenciar entre lo claramente autoctono y lo venido del exterior, en el caso que nos ocupa,las dataciones de C14 han mostrado contra todo pronostico que los dolmenes bretones eran más antiguos que los del oeste Mediterraneo.

    Las primeras tumbas megaliticas del oeste francés son las más viejas y conocidas en el mundo, elevadas en el 5º milenio o principios del 4º, destacan tanto por su volumen como por el elaborado aspecto de su arquitectura.



    Estas no menos interesantes notas extractas de http://www.mundofree.com/yiatrou/neolitico.htm también podrán ayudar a discernir dudas:

    teoría del frente de avance (teoría de ola de avance). Esta teoría se debe a Ammerman y Cavalli – Sforza.

    Este es el modelo más aceptado en la actualidad. Supone una redefinición del difusionismo clásico. Así frente a la idea tradicional de que el neolítico fue producto de una migración masiva, ellos consideran que fue producto de una actividad migratoria pero de reducida movilidad y carácter aleatorio. Esta movilidad estaba motivada por ejemplo por prácticas matrimoniales, por la explotación de ciertos recursos.

    En el modelo difusionista la colonización es el fin pero en el nuevo difusionismo la colonización es el medio. La zona más avanzada de este proceso de colonización es lo que se conoce como frente de avance.

    Cavalli – Sforza incluyen nuevas cosas en la teoría ya que en el difusionismo clásico no se tenía en cuenta el factor indígena. Ammerman y Cavalli – Sforza plantean tres posibles tipos de yacimientos que se pueden producir mediante la interacción entre los grupos neolíticos que se desplazan y los grupos cazadores recolectores que entran en contacto.

    1. Colonización. Ocurre cuando el frente de avance se expansiona por áreas deshabitadas. Los yacimientos generados deben ser iguales a los neolíticos. Este modelo de neolitización explica la neolitización de Creta, Chipre, Malta y Cerdeña.

    2. Aculturación directa. Se va a producir cuando se produce un contacto efectivo entre los grupos cazadores recolectores indígenas con aquellas poblaciones neolíticas que se están expansionando.

    Este contacto va a desarrollar una serie de ínteractuaciones entre unos y otros. Con el tiempo parece que el modo de vida que se termina modificando de forma sustancial va a ser el de los cazadores recolectores. El resultado ya no va a ser idéntico al de grupos neolíticos, es un producto diferente a los neolíticos y a los cazadores recolectores. Lugares donde se produce la aculturación directa son Grecia continental, Provenza, y mediterráneo peninsular español.

    3. Aculturación indirecta. Es aquella que se produce cuando la neolitización se realiza gracias a la interacción entre los propios grupos epipaleolíticos, que a modo de cadena van asumiendo de unos a otros las principales características del neolítico.

    Este proceso de neolitización crea una neolitización menos intensa en los grupos. Zonas neolitizadas por este sistema son el norte de Italia y la zona de la meseta ibérica. Reivindica un papel determinante para las poblaciones cazadoras recolectoras, no son sujetos pacientes, van a proporcionar una considerable parte del proceso. La neolitización de Europa sea cual sea la teoría con la que la expliquemos no puede interpretarse como la aceptación por parte de los grupos autóctonos de un “pack neolítico” que fuera como una metáfora neolítica. El neolítico europeo va a ser extremadamente heterogéneo donde según los contextos va a tomar una u otra fisonomía.

    J. Thomas propone que en suroeste de las islas británicas esa metáfora de neolítico no va a consolidarse hasta bien entrada la edad del bronce.

    Modelo percolativo. Se trata de una postura reciente y más radical en sus planteamientos que niega cualquier aporte demográfico en el proceso de difusión del neolítico por el continente europeo.

    El modelo percolativo hace hincapié en el papel jugado en este proceso por los grupos cazadores – recolectores del Mediterráneo, quienes integrarían en sus redes de intercambio comunes los flujos de materiales novedosos y especies domesticadas, lo que en última instancia no requerirá necesariamente de desplazamiento poblacional alguno, configurando en definitiva un modelo de difusión mucho más estático.



    Antecedentes mesoliticos del megalitismo neolítico,
    Teorías sobre el origen y el significado del megalitismo.

    Las teorías se dividen en orientalistas y en occidentalistas. Los orientalistas o difusionistas siguiendo los planteamientos de G. Childe afirmaban, defendían un origen del megalitismo europeo en la zona del mar Egeo, en la cultura micénica. Se fundamenta en las similitudes formales entre los tholos y algunos sepulcros megalíticos de falsa cúpula. Cronológicamente el megalitismo tenía que ser posterior al s. XIV a.C. G. Childe defiende que hay unas migraciones de poblaciones desde el Egeo motivadas por causas comerciales y buscando mineral de cobre, que llevan con ellos una especie de religión megalítica. G. Childe habla de auténticos misioneros.

    Frente a los orientalistas había otros autores como Pedro Bosch Gimpera que defendían un origen autóctono. Eran occidentalistas. Estas teorías fueron desestimadas por la comunidad científica, todo cambió a raíz de utilizar el carbono catorce en la arqueología.

    A partir de la aplicación de los métodos del carbono catorce se empezó a observar que las fechas eran más antiguas que las que decía G. Childe por lo que en ningún caso se puede hablar del origen orientalista

    Hoy en día se están fechando estructuras megalíticas del V milenio dando la razón a los occidentalistas. Desde ese momento surgen nuevas teorías explicativas, C. Renfrew y Glyn Daniel propusieron en los años 80 (cada uno por separado) un origen multifocal para el megalitismo.

    La teoría multifocal dice que el megalitismo surgió en varias zonas europeas de la fachada atlántica dentro de un periodo de tiempo relativamente corto y de forma independiente. Los focos originarios serían uno danés, uno bretón, otro irlandés y otro portugués.

    Hoy se piensa que los antecedentes del megalitismo se encuentran en ciertas prácticas funerarias de grupos mesolíticos que enterraban a sus muertos en el interior de concheros. Otros autores consideran que el origen por lo menos del foco danés pudo surgir a partir de la copia que grupos mesolíticos hacen de las casas largas danubianas.

    Salú.

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