Autor: Bea Alonso Prieto
sábado, 03 de junio de 2006
Sección: De los pueblos de Celtiberia
Información publicada por: Bea
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Saunas Iniciáticas

La última interpretación que se le ha dado a la anteriormente conocida como "Fragua" de Ulaca, que parece ser una Sauna.

Escritores antiguos como Heródoto, Sidón de Apolinar o Estrabón entre otros, nos han dejado descripciones muy ricas sobre los ritos iniciáticos relacionados con saunas en el mundo celta. Son conocidas las tradiciones termales en el mundo greco-romano, cuyo ejemplo más famoso son la Termas romanas. Se conocen largas tradiciones de saunas en la Europa oriental y nórdica, en las regiones del occidente Atlántico y en las áreas célticas de centro Europa.

Saunas en la Cultura Castreña del NO

Sabemos hoy que esta tradición de “Baños Iniciáticos” se dio en la Península Ibérica. Los ejemplos mejor estudiados, y más aceptados, son los de las “pedras formosoas”, características de los “Castros del Noroeste”. Son edificios tallados en grandes canchales de piedra o excavados en la tierra, los muros suelen hacerse con muros de lajas de piedra, que cierran el ambiente. La entrada a las saunas de la cultura castreña, son grandes losas de piedra, de una sola pieza, normalmente labradas con bellos dibujos, de donde viene su nombre. Suelen tener cuatro estancias principales, el “horno”, la que suele estar en la parte más profunda, su nombre viene dado por que en su interior suelen encontrarse piedras calcinadas y por la abertura que tiene, que recuerda a la de un horno, le sigue una antecámara, dónde las temperaturas serían muy altas, una cámara, algo más fría, y por último un atrio, donde en algunas, hay pilas para el agua, y no es extraño pensar que allí se realizasen baños fríos con agua. Este tipo de monumentos se encuentran generalmente en la zona Portuguesa, galicia, Asturias, y el mayor número de saunas se concentra en el norte del cauce del Duero. Estudios recientes han permitido saber para qué servían estas construcciones, ya que antes se creía que eran hornos funerarios (para cremar a los muertos) o incluso hornos de fundición del metal, ya que la mayoría son de la Edad de Hierro. Aunque, al no encontrar restos de huesos calcinados, ni escorias de metal, por paralelos con la Europa céltica y excavaciones actuales en las saunas, han permitido saber que se trata este tipo de edificios. Parece ser que era en los hornos dónde se ponían piedras candentes y se les añadía agua para producir vapor. Seguramente se tratase de baños de sudor seco, en los que las temperaturas no serían inferiores a los 40º C, y la humedad no superaría un 10-15%.

La “Sauna” de Ulaca

Además de estos castros, aceptados hoy, una nueva interpretación nos lleva hasta tierras abulenses, en concreto en el castro de Ulaca (Solosancho), donde parece que hay una sauna. El castro de Ulaca se sitúa estratégicamente sobre un cerro a 1500 metros de altura. Está amurallado en su totalidad, en algunas partes aprovecha la propia topografía, y tiene más de 70 hectáreas, como han comprobado los estudios que se están llevando a cabo en el castro por Gonzalo Ruíz Zapatero (Catedrático) y Jesús R. Álvarez-Sanchís, ambos del Departamento de Prehistoria de la Universidad Complutense de Madrid. Martín Almagro-Gorbea Catedrático de Prehistoria en la Universidad ya mencionada, en el mismo Departamento que los anteriores, es quien ha hecho junto a Jesús R. Álvarez-Sanchís el estudio de la “Sauna” de Ulaca. En el castro, además de restos de casas, existen tres construcciones que llaman la atención, el conocido “Altar de los sacrificios”, “La Fragua” y la llamada “El Torreón”. (Para una buena descripción del sitio, en la sección “Poblamientos”, en el apartado “Castros”, en Ávila, mirar “Castro de Ulaca”) Es “La Fragua” como se conoce a la estructura que parece ser una sauna. Está parcialmente tallada en un canchal de piedra granítica, esta roca cubre toda la parte sur y el suelo de la construcción, mientras que las partes norte, este y oeste, pudieron estar hechas de muros de piedra de granito, como parecen decir los sillares que están esparcidos por el suelo a su alrededor. La planta se divide en tres estancias, la más oriental, o “antecámara” mide unos 3,75 m. por 2,35 m.. Le sigue una “cámara”, que mide 0,85 m. por 0,75 m., y tiene labrados en su interior dos bancos de piedra, adosados a la pared, el uno enfrente del otro. Le separa de la “antecámara” una abertura de 45 cm, aunque el alzado de la entrada no se conserva. Le sigue el “horno”, siendo la estancia más occidental, y lo forma el recodo de la misma peña en la que está tallado. Mide 1,5 m. por 1,2 m. Este tiene una abertura que da directamente a la cámara en forma de arco medio punto de 50 cm. De ancho, 55 cm de largo y 45 cm de grosor. Las marcas en la roca a los lados de la abertura por parte de la “cámara”, hacen pensar en un sistema de cierre. Las estancias están talladas en orden descendente, es decir, la “antecámara” es la parte más alta, un nivel más bajo se sitúa la “cámara” y el nivel más profundo coincide con el “horno”. Por paralelos con las saunas castreñas, las salas se interpretan de esta manera: el “horno” es la zona más profunda, y esto se entiende que es para mantener el calor, ya que en él se colocaban las piedras ardientes. La “cámara”, en la que hay dos bancos para permanecer allí, y tiene un sistema para abrir y cerrar el horno, y controlar la salida de calor, sería la sala de sudoración, como el laconium de las termas romanas, se cree que la separación entre esta sala y la siguiente pudo haber sido una losa de piedra grande, igual que las “pedras formosas”, pero esta se ha perdido, la hipótesis se señala a partir del surco tallado entre ambas salas . La “antecámara” se cree que pudo ser la estancia de temperaturas templadas, para descansar del calor, a modo de tepidarium romano. Que no queden restos de un atrio, no quiere decir que no lo hubiera, o que no se realizasen los baños fríos, por que estos pudieron hacerse en el exterior, en barreños de madera, que por ser orgánicos, no suelen conservarse. Además, cerca de la sauna existe un manantial de agua, que además de ser esencial para la vida en le castro se puede relacionar directamente con su uso en la sauna, sin olvidar la importancia que tiene el agua en las sociedades célticas. Este rito, que arqueológicamente se identifica con le estudio del edificio, es típico de sociedades preurbanas, y el castro de Ulaca parece pertenecer a este tipo de sociedad. Se relaciona con las sociedades guerreras, en las que los jóvenes antes de convertirse en verdaderos guerreros tendrían que pasar por una serie de ritos iniciáticos, con los que seguramente se relacionasen la “Sauna” y el “Altar”, pero también podrían ser ritos de paso de la infancia la pubertad, o de la pubertad al mundo adulto. E incluso se las relaciona con actos medicinales, como por ejemplo para curar o mejorar el reumatismo, o como se sabe en el mundo germánico, que dejaban ofrendas, y se relaciona con actos simbólicos o religiosos, también se sabe que en algunas zonas, en las saunas las mujeres daban a luz, e incluso las saunas formaban parte de las ceremonias nupciales, lo que sí se puede saber es que los ritos realizados en ellas, serían de purificación en cualquiera de sus sentidos.

Curiosidad

Heródoto (4,73-75) nos cuenta como los Escitas, tras los funerales de alguien, se purificaban en baños de sudor, antes se untaban con aceites y arrojaban semillas de hachís a las piedras enrojecidas al fuego.

Bibliografía

  • Almagro-Gorbea, M y Álvarez-Sanchís, J.R. (1993): La "Sauna" de Ulaca: Saunas y baños iniciáticos en el mundo céltico. Cuadernos de Arqueología de la Universidad de Navarra, nº 1: 177-253.
  • Ruiz Zapatero, G y Álvarez-Sanchís, J.R. (1999): Ulaca, la “Pompeya” vettona. Revista de Arqueología nº 216: 36-47.


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