Autor: A.M.Canto
lunes, 22 de enero de 2007
Sección: Noticias
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Las yeguas lusitanas preñadas por el Viento

Avance de una investigación en la que se busca por nuevas vías una explicación biológica para el más antiguo de los mitos de la Hispania antigua, que fue también el más conocido y repetido en la Antigüedad.

Recientemente participé en la VI Mesa Redonda de Lusitania, que esta vez se hacía bajo el tema "A Lusitânia entre os mitos e a realidade" y organizaban los centros arqueológicos de las Universidades de Coimbra y Porto, la Câmara Municipal de Cascais y la Universidad de Toulouse. Un coloquio en el que, justísimo es recordarlo, nos trataron, tanto en Cascais como en Lisboa y en el museo de Odrinhas, con una hospitalidad, cortesía y largueza realmente exquisitas, y diría que típicamente portuguesas. Mi contribución fue intentar probar si podía haber alguna verdad biológica tras uno de los más famosos, y desde luego el de mayor eco y supervivencia, de los mitos de la Hispania antigua: el de las yeguas que, cerca de Olisipo/Lisboa, eran fecundadas por el Céfiro o Viento del Oeste, pariendo potros velocísimos pero de corta vida; y si puede saberse por métodos arqueológicos u otros de qué raza se trataba. Ya más en general, si los mitos responden, más que a ser vehículo de estructuras sociales o ideológicas, a reflejar hechos verdaderos pero inexplicables en su época, y si los autores antiguos que nos los transmitieron (17 en este caso) dejan de ser por ello fiables en esos puntos, como tantas veces se ha dicho. La verdad es que esta vez me vi en verdaderos apuros, ya que el hecho mismo era complicado de "probar"... :-) Lógicamente, las actas tardarán aún en publicarse. Pero, mientras tanto, el gabinete de prensa de la UAM me pidió un artículo muy resumido, para la sección de Investigación de nuestra revista "Cantoblanco" de diciembre de 2004, y lo acaban de colgar en la Red: http://www.uam.es/informacion/gprensa/cantoblanco/cantoblanco56.pdf (está en la página 7). El texto iba muy justo, y no cupieron la segunda foto ni el pie que escribí para la que sí aparece, así que completo éste: Se trata del simpático caballo 'Inacus', uno de los cinco que aparecen en el "mosaico de los caballos vencedores" de la 'villa' de Torre de Palma (Monforte, Portugal), y la foto procede del catálogo de la exposición sobre ella, cuya memoria publicaron J. Lancha et al. en 1994 (Ínaco era posiblemente un "garrano"). La otra foto, por si alguno tiene la curiosidad, era la portada de PLoS-Biology de marzo 2004: http://www.cbi.pku.edu.cn/mirror/plos/10.1371_1545-7885_2_3_cover.pdf. Espero que en las actas esta foto sí pueda aparecer, aunque no sea en sus espléndidos colores. Véanse aquí las figs. 1-7. Gracias por la atención, y saludos cordiales. ****** Actualización 9-3-2006: Con motivo de la publicación, ayer, del hallazgo de un gen recesivo dentro de un grupo humano (véase la Nota, y abajo mensaje de esta fecha, con foto), reproduzco ahora el texto del artículo de Cantoblanco. Otra versión algo más ampliada publiqué con el título "Yeguas fecundadas por el viento: ¿Ciencia o leyenda?", en la revista Historia de Iberia Vieja 1, junio de 2005. «ENTRE EL MITO Y LA REALIDAD: LAS YEGUAS PREÑADAS POR EL VIENTO» por Alicia Canto, Depto. de Prehistoria y Arqueología Uno de los más célebres mitos relacionados con la vieja Hispania fue el de las yeguas lusitanas a las que fecundaba el viento; mito que fue muy popular en la Antigüedad, a pesar de transcurrir en un finis terrae europeo. Consiste en la creencia, o más bien en la afirmación (pues para los antiguos el mito, a diferencia de la fábula, es una vera narratio), de un hecho tomado como cierto: En las cercanías de Olisipo (Lisboa), del río Tajo y del cabo da Roca, las yeguas, volviéndose hacia el Océano, esto es, hacia el Occidente, podían ser fecundadas por el viento del Oeste, el Zephyrus griego (Favonius romano), un viento reconocidamente cálido y vivificador. Preñadas así por un dios, parían potros velocísimos pero de corta vida. Gracias a algunos detalles de dos buenos conocedores de Hispania, Varrón (el mayor sabio romano, muerto el año 27 a.C.) y el hispano Columela (hacia 45 d.C.), sabemos que la zona elevada donde ello ocurría estaba sacralizada, y desde el gran Leite de Vasconcellos (1905) hay acuerdo en que sería el actual “Monsanto”, donde ahora existe un bello parque natural. El mito es referido con distintos detalles por diecisiete escritores antiguos, desde Homero en la Ilíada (siglos IX-VIII a.C.) hasta autores cristianos del siglo IV-V d.C. como Lactancio y san Agustín, pasando por tratadistas tan serios como Aristóteles, el propio Plinio el Viejo (que lo rememora en tres ocasiones) o Claudio Aeliano en su De natura animalium. Pero, a pesar de estos testimonios antiguos, la crítica histórica moderna lo ha venido considerando “un bulo” o, cuando más elaboradamente, como expresión ambigua de una estructura social de tipo matriarcal y origen griego. En una investigación recientemente presentada en un congreso internacional he intentado acercarme a esta famosa leyenda desde una perspectiva menos escéptica, con el triple objetivo de tratar de identificar la raza concreta a la que se refería el hecho, ensayar una vía nueva de aproximación teniendo en cuenta los avances en los campos de la Biología Animal y la Genética (esto es, intentando averiguar si tras el mito podía esconderse alguna realidad biológica), y poder reivindicar de paso la inteligencia y la credibilidad de nuestras fuentes grecorromanas, a menudo minusvaloradas. Mediante comparaciones arqueológicas de las representaciones de caballos, en pinturas (por ejemplo en Mérida), o en mosaicos (sobre todo de la gran mansión romana de Torre de Palma, cerca de Monforte) con las actuales razas luso-españolas, es en efecto posible proponer que las razas en cuestión serían la “Garrana” o la “Sorraia”, las más antiguas de la Península Ibérica según los genotipos de H. Oelke; esto confío en que se pueda comprobar mejor cuando el Centro de Biología Animal de la Universidad de Lisboa amplíe a los restos équidos procedentes de excavaciones su estudio ya en curso sobre el DNA ancestral del Equus caballus en la Península Iberica. En segundo lugar, al acercarme al fenómeno (muy frecuente en plantas) de la partenogénesis, desde el punto de vista de la Genética moderna –un mundo para mí enteramente nuevo–, me he tropezado con una asombrosa proteobacteria que está en los últimos años de rabiosa actualidad: la Wolbachia, bautizada así por el nombre de su descubridor, en 1927. Su genoma acaba de ser publicado (PLoS-Biology, March 2004) por el prestigioso investigador Jonathan Eisen, de The Institute for Genomic Research de Rockville. De esta proteobacteria, un endosimbionte, lo que más me interesó, a los efectos de la explicación de nuestro mito, es su papel de “clonadora natural”, y su asombrosa capacidad para trastornar el sistema reproductor de su huésped –donde ella se aloja–, desde la feminización de machos genéticos a la generación asexual de las hembras o, en algunos casos, la degeneración y la muerte prematura del huésped. Por ahora sólo está probada su presencia en algunos tipos de peces, insectos (como drosófilas, mosquitos, avispas y abejas), lagartos y gusanos, nematópodos y artrópodos. Pero ya se busca la posibilidad de hallarla en mamíferos (cf. T. Kono et al., Nature, 22 April 2004), y de hecho un genetista de primera fila consultado me ha confirmado que no ve una razón para que la “Wolbachia”, u otros microbios similares, no puedan existir en mamíferos. Según J. Knight (Nature nº 412, July 2001): “As interest in the bacteria explodes, strains of Wolbachia that are in the process of being incorporated by their hosts may be among the evolutionary treasures waiting to be discovered”. La aplicación de estas modernas vías de estudio genómico pemitiría mantener como hipótesis de trabajo que algunos grupos equinos lusitanos pudieran haber conservado en su seno, residualmente, una infectación por la Wolbachia u otra bacteria parecida, dando lugar a la procreación de las yeguas sin intervención del macho. Por falta de una explicación racional en la ciencia de la época, el hecho acabó convirtiéndose en un mito, en el que el papel generador se atribuía a un “dios del viento”. Con todo ello por fin se alcanza también el tercer objetivo del trabajo, que era restaurar el buen crédito de nuestras fuentes literarias antiguas. Quizá esta metodología combinada, aplicada a otras famosas leyendas, nos ayudará a entender mejor, o incluso a detectar, otros prodigios de nuestro pasado remoto que actualmente se siguen considerando como fantásticos. ***** Nota.- El reciente hallazgo en Turquía de un gen recesivo en humanos es de mucho valor para explicar la transición humana de la cuadrupedalidad a la bipedalidad, pero a mí me interesa mucho porque es un excelente paralelo en mamíferos para mi hipótesis de explicación genética del hasta ahora considerado "mito" de las yeguas lusitanas, arriba expuesto. El artículo científico es de: U. Tan, “A New Syndrome with Quadrupedal Gait, Primitive Speech, and Severe Mental Retardation as a Live Model for Human Evolution”, International Journal of Neuroscience, Volume 116, Number 3/March 2006, pp. 361-369 (9). Reproduzco el resumen del mismo (de http://www.ingentaconnect.com/content/tandf/gnes/2006/00000116/00000003;jsessionid=118hc8tlggkr7.alice): Abstract: The author has discovered a new syndrome with quadrupedal gait, flexed head and body, primitive speech, severe mental retardation, and mild cerebellar signs with a disturbed conscious experience. This syndrome was exhibited by 5 of 19 children from a consanguineous family. The pedigree demonstrated a typical autosomal-recessive inheritance. The genetic nature of this syndrome suggests a backward stage in human evolution, which is most probably caused by a genetic mutation, rendering, in turn, the transition from quadrupedality to bipedality. This would then be consistent with theories of punctuated evolution. On the other hand, the extensor motor system causing a resistance of the body against the gravity may actually be subjected to evolutionary forces. This new syndrome may be used as a live model for human evolution.


Comentarios

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  1. #1 Abo 18 de dic. 2004

    En galicia a las vacas que estan en celo se dice que "andan toureiras", es decir necesitan al toro; muy parecido a lo que apunta Dubiergos por lo que se entiende que las yeguas "necesitan el viento". Bueno. Como ya estamos entrando en las Fiestas y hay que hacerlo lo más alegres posible una anécdota que me pasó en una excursión a San Andrés de Teixido (el de la culebra que si no vas en vida vas tres de muerto). Estabamos ya muy próximos al Santuario y tuve necesidad de parar a "evacuar", paré en una curva muy pronunciada donde habia un descampado encima de un fuerte precipicio sobre la costa y no más salir me encuentro a cuatro o cinco yeguas en el linde de esa plataforma con el acantillado mirando fijamente hacia mi, me hacerco lo suficiente a unos diez metros aproximadamente y para nada se apartaron, tenían la cola no levantada sino ladeada, di unas cuantas vueltas por allí y ni se inmutaron, Hize lo mio y sali de allí, a los pocos metros me encontré con un humilladoiro y por supuesto cogí una pequeña piedra y la tiré al montón (¡por si acaso!. Quereis ver que cuando llegué al Santuario me debió de entrar una especie de delirium tremens pues me acordé de las yeguas de Plinio en Olisipo y le dije al que iba conmigo: "Esas Yeguas son como las del Olisipo, que están esperando que el viento "de travesía" (Céfiro o del Oeste) las ponga "a tono" para recibir a su pareja" Quién sabe si ese vientecillo.... Felices Fiestas a todos.

  2. #2 Lilit 11 de ene. 2005

    Leyendo este artículo me vino a la mente una historia que contaba mi abuelo sobre la fecundación de los animales, yeguas, vacas...por parte de las serpientes. Era una antigua leyenda que existía en la galicia más profunda. En las noches de viento si una serpiente entraba a las cuadras podía llegar a fecundar a los animales hembras que se encontrasen dentro. Leyendo los mitos griegos de Robert Graves, uno de los más antiguos, el de la creación del universo nos encontramos con este tema. Os copio el mito: " En el principio Eurínome, diosa de Todas las Cosas, surgió desnuda del caos, pero no encontró una base sólida en la cual apoyar sus pies, así que separó el mar del cielo danzando sola sobre las olas. Danzó en dirección sur, y el viento que se creaba a su paso pareció algo nuevo y distinto, apropiado para comenzar una obra de creación. Volviéndose atrapó este viento del norte, lo frotó entre sus manos y he aquí que apareció la gran serpiente Orfión. Eurínome siguió bailando para entrar en calor, su danza cada vez más y más salvaje, hasta que Ofión el viento convertido en serpiente, invadido por la lujuria, se enroscó entre sus miembros divinos y se vio obligado a copular con ella. Este viento del norte, también llamado Bóreas, fertiliza por eso a las yeguas que con frecuencia tornan sus cuartos traseros al viento y conciben potros sin ayuda de semental. Fue así como Eurínome quedó encinta. Llegado el momento puso el Huevo Universal. A petición suya Ofión se enroscó siete veces en este huevo hasta que se rompió en dos mitades. De él salieron sus hijos, todo lo que existe en el Universo" Parece según este mito que la fecundación de una diosa por el viento fue el origen del universo. Hay que tener en cuenta que este mito se originó en la época arcaica, donde no había dioses varones, sólo una diosa universal y sus sacerdotisas, siendo las mujeres el sexo dominante. Era un sistema matriarcal donde aún no se tenía en cuenta el papel del varón en la fecundación. La paternidad no existía como tal, la fecundación era un misterio que sólo las mujeres lo conocían, se atribuía unas veces al viento, otras veces a la ingestión de habas o incluso al hecho de tragarse accidentalmente algún insecto. ¿Qués es mito y que es realidad? pues la verdad es algo complejo. De la misma manera que hay plantas que se fecundan a si mismas quien sabe si en determinados animales no existe esa protobacteria con capacidad de clonadora natural. Los mitos, algo de realidad siempre tienen.

  3. Hay 2 comentarios.
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