Autor: Ibar
miércoles, 06 de agosto de 2003
Sección: Artículos generales
Información publicada por: Ibar


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La Encebra ¿un misterioso animal extinguido?

Durante la Edad Media, en la Península ibérica se hacen algunos relatos sobre un équido que hasta el siglo XIV, era abundantísimo en las llanuras de toda la Iberia mediterránea. De este équido se conoce que fue entre los siglos XIV y XVI cuando sus poblaciones comenzaron a ser esquilmadas debido a la caza, ya que el consumo de su carne era muy apreciado, así como a la destrucción de su hábitat y a la competencia con el ganado doméstico, pues por tratarse el hábitat de extensas llanuras, este era muy apropiado para los asentamientos ganaderos y agrarios. Este équido recibía el nombre de Encebra en castellano, y de Zebra o Zebro tanto en portugués como en castellano. No existen muchas referencias de este animal durante la Edad Media pese a su abundancia, pero algunas obras las citan, como “Montería de Alfonso XI”, escrito de la primera mitad del s.XIV, “Relación de Chinchilla” de 1.576, que hace una breve descripción de la encebra, “Arte Cisoria” de E. Villena y otras obras literarias, textos valencianos del s.XV, así como en el “Romance del Rey Marsín” del año 1.500. En la “Relación de Chinchilla” menciona "...a manera de yeguas cenizosas, de color de pelo de rata, un poco mochinas, que relinchaban como yeguas y corrían más que el mejor caballo y las nombran encebras." (Torres Fontes y Molina Molina, 1.980). En “Arte Cisoria” explica que la carne de encebra se come "para quitar peresa" (Corominas y Pascual, 1.984). En el “Romance del Rey Marsín” describe “fuyendo va el rey Marsín, caballero en una zebra, no por mengua de rocín". Así mismo, este animal ha dejado algunos topónimos por la geografía peninsular, tal como Las Encebras ( Jumilla -Murcia-) ), Encebras ( Pinoso -Alicante-), Valdencebro ( Teruel ) y las portuguesas Zebreira, Zebros, Monte dos Zebros ( Beira Baixa ) y Vale da Zebra ( Ribatejo ). Por los textos mencionados, así como por otras obras literarias, nos hacen saber que las encebras, zebros o zebras, eran animales ariscos y veloces, así como corredores por excelencia, équidos de capa ( pelaje ) gris, con una línea negra que surge en los homoplatos y acaba en punta sobre los muslos delanteros, otra línea negra que recorre el lomo (sobre las vértebras) desde el cuello hasta la cola, y marcas acebradas en las extremidades. Tanto por estas características fenotípicas, como por el hecho de que los textos mencionados no especifican claramente qué clase de équido se trataba, ha llevado a la confusión a los historiadores, pues estos suponen que las encebras eran asnos salvajes, pues las líneas acebradas se dan en estos équidos, y aunque de procedencia incierta, pues no existen restos fósiles recientes de estos “asnos”, se han atribuido por tanto a estos animales, a descendientes de asnos importados y asilvestrados en Iberia por culturas norteafricanas y del mediterráneo oriental. El hecho de que se conocieran équidos con marcas acebradas en Iberia, y a que los portugueses se asentaran en las costas africanas, lo que les permitió conocer a los caballos del África subsahariana, hizo que al verles también con marcas acebradas, también los denominaran como zebras. Fósiles y pinturas rupestres. Los únicos restos fósiles de équidos existentes al menos en los últimos 30.000 a 20.000 años, que se conocen en la Península ibérica, pertenecen a una sola especie de caballo, denominada como Equus ferus o Equus przewalskii gmelini, y cuyo nombre común es Tarpán. Parece ser que durante la prehistoria existieron varios tipos de caballos, existiendo entre los europeos tarpanes, una subespecie occidental y otra oriental. Según los actuales tarpanes de Polonia, esta especie de caballo es de pequeña talla, con una altura de 130 cms., color de capa de zaíno hasta tostado, crin y cola puramente negra o negra y blanca, de aspecto ceniciento y canoso. Posee una franja dorsal castaño oscura, y franja ancha y oscura que va desde la parte central de las crines hasta la cola, con pelos más claros a ambos lados, produciendo un efecto de variegado con destellos rubios que depende de hacia que lado se inclina el pelo. Pueden aparecer rayas tipo cebra, en los cuartos delanteros y en la parte interna de los muslos, así como también franjas en el cuerpo. El pelaje invernal puede ser ocasionalmente blanco si viven en climas muy fríos. La cabeza es alargada y ancha con la cara ligeramente cóncava, orificios nasales amplios y orejas también largas. Cuello corto y robusto que parte de unos hombros poderosos. Características como la forma de la cabeza y cara, ya aparecen en pinturas rupestres de la Cueva de la Pileta, datadas entre 30.000 y 20.000 años, pero a diferencia de los tarpanes orientales y de los caballos modernos, los tarpanes presentes en Iberia presentaban una cara subconvexa, tal y como atestiguan también sus restos fósiles. Parece existir también, algunas pinturas rupestres en sierras turolenses, en las que se muestran los cuerpos de estos tarpanes con sus estrías acebradas sobre el cuerpo. El Caballo Sorraiano. En el año 1920, el zoólogo portugués Ruy d’Andrade descubrió entre las llanuras del río Sorraia y sus afluentes Sor y Raia, una manada de caballos salvajes, diferentes a los caballos domésticos, pero con características presentes en tres razas modernas, el caballo Marismeño, el Andaluz y el Lusitano. Ruy d’Andrade, y debido a la distribución de estos caballos salvajes, nominó a estos caballos con el gentililicio del nombre del río Sorraia. Las similitudes con el caballo Marismeño, Andaluz y Lusitano permitió deducir que el salvaje Sorraiano era el antecesor directo de estas tres razas. Pero un estudio más detallado de la anatonomía, fenotipo y genotipo de estos caballos, y la comparación de estos datos con los fósiles y pinturas rupestres, han probado que se trata del auténtico caballo salvaje ibérico, habiéndose mantenido sin apenas variación genética, con los antiguos tarpanes ibéricos, siendo por tanto una de las subespecies de caballo existentes en Eurasia en época prehistórica. El Sorraiano tiene una alzada que ronda entre 120 y 130 cms., la capa es de color grisáceo pelo de ratón, o bien parduzco, con una franja oscura dorsal sobre los homoplatos y otra franja oscura a lo largo del lomo, marcas acebradas en las extremidades y las puntas de color negro, estas marcas acebradas de las extremidades son muy patentes en los ejemplares jóvenes. Posee un pelaje invernal de aspecto lanoso. Tanto la crin como la cola, es de color negro y blanco, dándole un aspecto ceniciento y canoso. Su cabeza es grande, de perfil recto o algo convexo. Debido a que buena parte de la raza sobrevive en estado salvaje, su conformación global tiene cierta variabilidad. Algunos de los ejemplares encontrados por Ruy d’Andrade, fueron capturados para preservar a esta subespecie de caballo de la extinción. Actualmente existen unas 200 cabezas de sorraianos, sujetos a planes de recuperación. Encebras, Tarpanes y Sorraianos. Como hemos visto, el Tarpán y el Sorraiano, son muy similares fenotípicamente, casi iguales. Entre el actual tarpán oriental y el sorraiano, existe una pequeña variación fenotípica y genotípica, ya a que el sorraiano se corresponde con la subespecie occidental o ibérica de tarpán, pero si se observan fotografías de ambas subespecies, un profano no sabrá distinguir una subespecie de la otra. En cuanto a los datos aportados por los textos históricos sobre encebras, los fósiles y pinturas rupestres de tarpanes ibéricos y el estudio del fenotipo y genotipo del caballo sorraiano, demuestran que la Encebra, el Tarpán ibérico y el Caballo Sorraiano, son la misma subespecie de caballo. Estamos por tanto ante un redescubrimiento de la Encebra, un équido que se creía extinguido desde al menos, a mediados del s.XVI, debido al craso error de los historiadores al considerar que las encebras eran asnos salvajes, en vez de caballos salvajes diferentes de los caballos domésticos, y que los escritores medievales sabían distinguir muy bien. Pero sí existe una pista que nos dice de qué clase de équido se trata, y es que en la “Relación de Chinchilla” cuando dice: “...que relinchaban como yeguas...” no podía tratarse de otro animal que no fuera un caballo, pues todos sabemos que ningún burro es capaz de relinchar, sólo rebuznan, aunque hay que reconocer que la siguiente frase: “...y corrían más que el mejor caballo y las nombran encebras.", da a lugar a la confusión al hacer pensar que se trata de dos équidos distintos, pero no es este el sentido de la frase, sino que el sentido correcto de la frase es el que nos da a entender que se distingue a dos tipos diferentes de caballo, uno salvaje ( inservible para la guerra debido a su baja estatura ) y otro doméstico ( que eran de mayor altura y por tanto más competentes para la batalla ). La rocambolesca historia de la Encebra. Pues si este fue el avatar de esta subespecie de caballo en Iberia, el hecho de la conquista española de América supuso el traslado de ejemplares de encebras a tierras norteamericanas justo antes de su casi desaparición en Iberia, pues debido a su resistencia y fortaleza al clima, a los trabajos y a la escasez de alimento, así como a sus características para la carrera, este caballo salvaje era muy apto para realizar la conquista de estas tierras. En la actualidad los descendientes de estas encebras, es el conocidísimo y salvaje Mustang, que posee en la mayoría de sus ejemplares, las mismas características fenotípicas y genotípicas que el ibérico caballo sorraiano, de hecho, tanto es así que el Mustang recibe en Estados Unidos como nuevo nombre “Sorraia Mustang”. A pesar de su igualdad con los sorraianos portugueses, no se les denomina igual, pues parece ser que se considera que el sorraiano portugués es más puro que el americano, entre los que parecen existir leves influencias genéticas en algunos ejemplares de otros caballos españoles exportados. Así pues, un error de análisis en los textos antiguos como el desconocimiento hasta fecha reciente del salvaje caballo sorraiano, ha hecho pensar que la encebra era un équido extinguido, pero siempre estuvieron presentes con una exigua población en la frontera hispanoportuguesa, y con una población más abundante en las montañas de Norteamérica. Pero pese a la población americana de caballos sorraianos, siguen permaneciendo en grave peligro de extinción, motivo por el cual, se están desarrollando planes para su conservación, aunque desgraciadamente, la mayoría de estos planes sólo se realizan a nivel de propietarios particulares y asociaciones, escurriendo el bulto una vez más los Estados implicados.


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