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Los hallazgos en las excavaciones del oppidum de Pintia por parte de investigadores de la Universidad de Valladolid arrojan novedades sorprendentes sobre estos celtas del centro de la cuenca del Duero.

Los núcleos de población de la región vaccease establecen a lo largo de los cauces de los ríos Dourius (Duero), Pisoraka (Pisuerga),y con su nombre actual: Sequillo, Carrión y Valderaduey. Sus principales ciudades; Pallantia, Tela, Kolenda, Kauka,Pintia, Amallobriga, Arbukala, Nivaria, Brigeko, Lakobriga, Interkatia, etc, se sitúan en las proximidades de los cauces fluviales, dominando àreas de campiña, ó en las confluencias de los mismos, en zonas relativamente bajas. La región vaccea ocupa un territorio muy extenso que abarca parte de la totalidad de las actuales provincias de la C.A. de Castilla y León, exceptuando Soria. Las ciudades vacceas articulan este inmenso territorio como centros económicos y políticos; de forma más parecida a un conjunto de ciudades politicamente autónomas vinculadas de forma cultural que a una nación vaccea propiamente dicha. En estas campiñas y vegas los vacceos desarrollaban su actividad agricola cerealista. En numerosos casos encontraremos en la proximidad de las ciudades cerros testigos o cuestas de los páramos (Torozos y Cerrato), quizás utilizandose a modo de vigilancia de su extenso territorio administrado. Es fácil imaginar las campiñas gestionadas por estas ciudades, vigiladas por atalayas donde muchos siglos después se construirían formidables castillos medievales (Simancas, Peñafiel, Tiedra, Mota del Marqués, Torrelobatón, Coca, Tordehumos, etc), donde cuenta la tradición popular que se encendían fogatas para comunicarse con otras fortalezas semejantes. En el centro de este vasto territorio de casi 50.000 km2, se sitúa el páramo de Torozos, históricamente paraje boscoso utilizado como cazadero real en tiempos recientes y para la extracción de madera, donde no hay constancia de poblamientos vacceos. Los límites de la región vaccea se establecerían entorno a altitudes de 900 m.s.n.m, coincidiendo con los bordes de distribución del Quercus pyrenaica (roble melojo o rebolllo), donde comenzarían las "fronteras" con otros pueblos de vocación más ganadera.

Los datos de estudios de pólenes de yacimientos vallisoletanos muestran un índice bajo de herbáceas cultivadas lo que indica un medio no excesivamente antropizado,donde cohexistirían los bosques galería (saucedas, alisedas), sotos de ribera (olmedas, fresnedas), pequeños campos cultivados rotativamente y páramos cubiertos de masas boscosas de Quercus ilex(encina) y Quercus faginea (quejigo), donde probablemente se realizarían labores de recolección de hierbas, frutos, madera y en el caso que se realizaran, rituales religiosos o exposición de cadaveres a los buitres. Las ciudades vacceas muestran una extensión superior a las de sus vecinos arevacos, cantabros o astures, por lo que es previsible que en algunos casos acogieran hasta un número incluso cercano a las 20.000 personas. Las excavaciones en el oppidum de Pintia descubren en la fase constructiva más antigua viviendas rectangulares confeccionadas en madera y barro, dispuestas en retícula, con estrechos pasadizos formados por los muros de las viviendas. Presentan una distribución en varios espacios (3) como las casas vettonas y arevacas. Bien diferentes de las viviendas precedentes de la cultura Soto de Medinilla de comienzos del Hierro que eran de planta circular y con una sola estancia. Coincidente es la aplicación de revoques de barro a las paredes en dos colores: pigmento rojo y pigmento blanco (oxidos de hierro y calcita), apareciendo de forma recurrente las cerámicas numantinas. Estas viviendas primitivas vacceas anteriores a la romanización podrían tener unos 30 metros cuadrados (8,5x3,5), con una estructura de postes de madera y lienzos de barro; los primeros incrustados en el suelo sobre los que descansaría la techumbre vegetal, tal y como encontramos enlas viviendas sobre "horcones" de la montaña oriental de León. En las excavaciones de Pintia, en viviendas más tardías, donde la romanización es más patente, aprecen los zócalos de piedra y un aumento en la superficie habitable así como ligeras transformaciones en su distribución interior.


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