Autor: Cassius Chaerea
jueves, 16 de agosto de 2007
Sección: Antropología
Información publicada por: Cassius Chaerea
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El último querusco, una novela de Artur Balder

Análisis de una de las novelas históricas dedicadas a la batalla que detuvo a Roma en los Bosques de Teutoburgo

Opinión, análisis y estilo de una novela histórica ejemplar y única

''El último querusco'', novela del genero histórico creada por Artur Balder, no deja de plantear desde los primeros capítulos la paradoja del estilo entre el rigor histórico y la novela de aventuras. La novela trata del joven Arminius que descubre el mundo de manos de su padre Segimer, un líder bárbaro de la tribu de los queruscos y de su mentor, el druida Cerunno.
El libro esta dividido en varias secciones según dedica la atención a los romanos o a los germanos.

Si hay algo que destaca desde un comienzo es el trato que Balder otorga a toda la historia, no permitiendo en ningún momento que prime un principio moral sobre ninguno de los mundos retratados casi a partes iguales. La ambición novelística es patente, a pesar de que la balanza se inclina del lado de los germanos tanto en el punto de vista elegido como en el resultado general de las invasiones romanas apadrinadas por Augusto. Sorprende, en general, el punto de vista casi nietzscheano que pesa sobre la concepción general de las novelas, una pretensión a menudo truculenta de situar la narración y la ambientación histórica en un más allá del bien y del mal. La ambición del narrador pretende en todo momento permitir al lector espectador observar sin pudor alguno lo que sucedía en cada situación humana, pretendiendo construir a partir de esas situaciones una especie de superhombre monumental y a la vez primitivo, Arminius, unión polivalente de inteligencia aguda y violenta cólera, cuyo germen de odio hacia el mundo romano se convertirá en la clave para un cambio de dimensiones históricas, o, visto de otro modo más latino, de un retroceso con consecuencias en la Edad Media.

Estilísticamente los párrafos de los primeros capítulos, tras el acertado nacimiento del caudillo germano "en el innoble anonimato de la barbarie", pueden llevar a una idea errónea de lo que puede definirse como estilo de continuidad de la tetralogía: una densidad verbal plagada de detalladas imágenes, en la que, con gran fortuna, irrumpen a menudo los fortísimos diálogos de los germanos, o el verbo cuidado dedicado a los próceres latinos durante la celebración de juegos, banquetes u orgías; sin embargo, el estilo debuta en un diálogo entre Augusto y Virgilio, en el segundo capítulo, que puede resultar engorroso, cuando no pretencioso, a muchos lectores contemporáneos que no tengan la paciencia de esperar algunas páginas, antes de sumergirse en la éxtrañamente romántica odisea teutónica de Segimer, un viaje a camino entre los relatos de aventuras y las peripecias de Conan el Bárbaro.

Si hay algo que destacar en el primer tomo es, por encima de ese cariño a la veracidad histórica, con una ambientación detallada sólo propia de las mejores novelas históricas de las últimas décadas, la construcción del personaje principal, la cual debe actuar como prólogo al conjunto de la Tetralogía. No hay escena más excelente en la literatura de guerras antiguas que aquélla catarsis en la que Arminius, todavía un niño, y su hermano debaten sobre cómo acabar con un romano moribundo. Las escenas de esa batalla se concatenan como planos de una gigantesca veracidad, de un patetismo que huye del efectismo o del heroísmo indulgente: todos, romanos y germanos, sufren un indecible castigo, y lo que las letras dejan oler es casi el sabor mismo de la sangre vertida en un campo de batalla que no hace distinciones entre honor y perfidia, y en el que la victoria y la derrota se entremezclan con altos precios difíciles de compensar. Esta, y no otra, es la virtud del planteamiento de Balder frente a las guerras germánicas noveladas: la capacidad para situar al espectador en un drama humano antes que en la indulgente alegría matadora de las novelas de aventuras en las que la muerte de los enemigos no se siente como grave pérdida, sino como parte del espectáculo.

El fin del tomo iniciático retoma los mitos obstetricios de la Madre Naturaleza, introduciendo al personaje en un mar de dudas, en profundas cavernas al norte, cacerías perdidas, y de nuevo la sensación de misterio y libertad que parece dominar el mundo panteísta, casi fantástico, de los germanos. En este sentido también resulta destacado el papel de los animales rituales: en numerosas novelas históricas han actuado como símbolos meramente contextuales, mientras que para Balder llegan a ser seres naturales capaces de intervenir psicológicamente en el desarrollo de la trama. Los clanes procedentes del lobo negro Wulfmund parecen destinados a dominar, pero no dejan de sentir en ningún momento un miedo sobrenatural hacia las manadas del hombre-lobo que pastorea sus bestias por las colinas de los queruscos.

De lectura más que recomendable, El último querusco se ha ganado, en mi humilde opinión, un puesto privilegiado en la literatura histórica mundial.

Referencias:

http://es.wikipedia.org/wiki/El_%C3%BAltimo_querusco

http://es.wikipedia.org/wiki/Artur_Balder

http://www.elpais.com/articulo/cultura/Artur/Balder/triunfa/narrativa/infantil/debuta/historica/elpepicul/20060610elpepicul_5/Tes/

 

 

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  1. #1 dasagis 19 de mayo de 2008

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  2. #2 dasagis 23 de jun. 2008

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  3. Hay 2 comentarios.
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