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Yo soy Eirík, Caballero Castellano de las riberas de los ríos Arlanza y Mataviejas. En continuo combate contra la desidia y la monotonía transcurren mis días y noches. Ansío encontrarme frente al Grial, y lo busco con desesperación a traves del Conocimiento.Mas mi nombre no es de Castilla. Mis primeras aventuras no fueron a lomos de un brioso
corcel de guerra, bajo las encinas. Fueron en los Drakkar Vikingos, alrededor del año 850
durante la segunda incursión vikinga a Galicia, en la que fuimos derrotados por Ordoño I
-todavía hoy tiene lugar en Catoira (Pontevedra) una romería vikinga en la que se simula
aquel desembarco normando-. Aprendí en Escandinavia todos los signos rúnicos y el
significado del Futhark. Fui un Erilar. Escuché muchas veces contar alrededor del fuego
la saga de Egil Scallagrimson. Bebí mucho hidromiel con aquellos bravos guerreros sobre
la piedra caliente. Recité con ellos todas las Eddas conocidas. Yo iba en el drakkar (langskipp) con Leif Erikson -en el año 1000- cuando -por una tormenta y un error- llegamos a una nueva tierra que llamamos Vinland, lo que hoy conoceis como América. Mucho habló de ello su padre, Erik el Rojo.
Pero de todo se cansa uno, y yo me cansé de la soledad. Volví otra vez a Covarrubias y visité todas las Villas de alrededor. Y encontré lo que buscaba. Pero Verdandi -la norna nordica que rige el destino de los hombres- se enfureció. Odiaba que yo hubiese abandonado la vida de los antiguos vikingos, y juró vengarse. Creó para mi un futuro incierto y desequilibrado, y Skuld -la norna del presente- tuvo que ejecutar todas las más crueles acciones que su atormentada alma inmortal pudo imaginar. Y la maldición cayó sobre mi y mi vida cambió. Nunca más mi vida sería estable, y si -en cambio- llena de grandes gozos y profundas tristezas, en constante alternancia. Una fría daga de acero obscuro penetró en mi corazón y lo abrió en dos. No hubo lagrimas en toda la tierra para llorar mi pena. Pero el sosiego llegó por otro lado. Mis pasos se dirigieron hacia la Abadía Benedictina de Santo Domingo de Silos. Postulante, novicio y monje. El tiempo no importaba ya ni lo más minimo. Pero la desamortización de Mendizabal llegó en 1836 y el Monasterio quedó abandonado. No quise ir a ningún otro. Con mi hábito puesto, recorrí el río Mataviejas hasta llegar a la aldea de Ura. Los restos de una vieja torre se alzaban sobre un monte, encima de las casas. Allí viví hasta hace no demasiado tiempo. |
Ek Eirík Huratijaz Web Tawido. (Texto en
Nordico Antiguo)
Yo, Eirík de Ura, hize esta Web. (Texto en Castellano Moderno).
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